quedaban sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno no hubiesen tenido;
mas que en tanto que esto no hubiese, tuvieron los pasados caballeros por cosa
acertada que sus escuderos fuesen proveídos de dineros y de otras cosas
necesarias, como eran hilas y ungüentos para curarse; y cuando sucedía que los
tales caballeros no tenían escuderos (que eran pocas y raras veces), ellos mismos
lo llevaban todo en unas alforjas muy sutiles, que casi no se parecían a las ancas
del caballo, como que era otra cosa de más importancia; porque no siendo por
ocasión semejante, esto de llevar alforjas no fue muy admitido entre los caballeros
andantes; y por esto le daba por consejo (pues aún se lo podía mandar como a su
ahijado, que tan presto lo había de ser), que no caminase de allí adelante sn
dineros y sin las prevenciones referidas, y que vería cuán bien se hallaba con ellas
cuando menos se pensase. Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba
con toda puntualidad; y así se dió luego orden como velase las armas en un corral
grande, que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas Don Quijote todas, l