licenciado, no soy sino bachiller, y llámome Alonso López; soy natural de
Alcovendas, vengo de la ciudad de Baeza con otros once sacerdotes, que son los
que huyeron con las hachas, vamos a la ciudad de Segovia, acompañando un
cuerpo muerto que va en aquella litera, que es de un caballero que murió en Baeza,
donde fue depositado, y ahora como digo, llevábamos sus huesos a su sepultura,
que está en Segovia, de donde era natural.
¿Y quién le mató? preguntó Don Quijote. Dios, por medio de unas calenturas
pestilentes que le dieron, respondió el bachiller. Desa suerte, dijo Don Quijote,
quitado me ha nuestro Señor del trabajo que había de tomar en vengar su muerte,
si otro alguno le hubiera muerto: pero habiéndole muerto quien le mató, no hay
sino callar y encoger los hombros, porque lo mismo hiciera si a mí mismo me
matara; y quiero que sepa vuestra reverencia, que soy un caballero de la Mancha,
llamado Don Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderazano
tuertos y desfaciendo agravios. No sé cómo puede ser eso de enderezar tuertos,
dijo el bachiller; pues a mí de derecho me habeis vuelto tuerto, dejándome una
pierna quebrada, la cual no se verá derecha en todos los días de mi vida, y el
agravio que en mí habeis deshecho ha sido dejarme agraviado de manera que me
quedaré agraviado para siempre, y harta desventura ha sido topar con vos, que
vais buscando aventuras. No todas las cosas, respondió Don Quijote, suceden de un
mismo modo: el daño estuvo, señor bachiller Alonso López, en venir como veníades
de noche, vestidos con aquellas sobrepellices, con las hachas encendidas, rezando,
cubiertos de luto, que propiamente semejábades cosa mala y del otro mundo, y así
yo no puedo dejar de cumplir con mi obligación acometiéndoos, y os acomeitera
aunque verdaderamente supiera que erades los mismos Satanases del infierno, que
para tales os juzgué y tuve siempre. Ya que así lo ha querido mi suerte, dijo el
bachiller, suplicó a vuestra merced, señor caballero andante, que tan mala andanza
me ha dado, me ayude a salir de debajo desta mula, que me tiene tomada una
pierna entre el estribo y la silla. Hablara yo para mañana, dijo Don Quijote; ¿y
hasta cuándo aguardábades a decirme vuestro afán? Dió luego voces a Sancho
Panza que viniese; pero él no se curó de venir, porque andaba ocupado
desvalijando una acémila de repuesto que traían aquellos buenos señores bien
bastecida de cosa de comer.
Hizo Sancho costal de su gabán y recogiendo además todo lo que pudo y cupo en el
talego de la acémila, cargo su jumento, y luego acudió a las voces de su amo y
ayudó a sacar al señor bachiller de la opresión de la mula, y poniéndole encima
della, le dio el hacha, y Don Quijote le dijo que siguiese la derrota de sus
compañeros, a quien de su parte pidiese perdón de el agravio, que no había sido en
su mano dejar de haberles hecho. Dijóle también Sancho: Si acaso quisieren saber
esos señores quién ha sido el valeroso que tales los puso, dígales vuestra merced
que es el famoso Don Quijote de la Mancha, que por otro nombre se llama el
"Caballero de la Triste Figura". Con esto se fue el bachiller, y Don Quijote preguntó
a Sancho, que qué le había movido a llamarle el "Caballero de la Triste Figura", más
entonces que nunca. Yo se lo diré, respondió Sancho, porque le estado mirando un
rato a luz de aquella hacha que llevaba aquel mal andante, y verdaderamente tiene
vuestra merced la más mala figura de poco acá que jamás he visto; y débelo de
haber causado o ya el cansancio deste combate, o ya la falta de muelas o dientes.
No es eso, respondió Don Quijote, sino el sabio a cuyo cargo debe de estar el
escribir la historia de mis hazañas, le habrá parecido que será bien que yo tome
algún nombre apelativo, como lo tomaban los caballeros pasados: cuál s H[XX