ovillo. El ventero entró diciendo: ¿Adónde estas puta? A buen seguro que son tus
cosas éstas. En esto despertó Sancho, y sintiéndo aquel bulto casi encima de sí,
pensó que tenía la pesadilla, y comenzó a dar puñadas a una y otra parte, y entre
otras alcanzó con no sé cuántas a Maritornes, la cual, sentida del dolor, echando a
rodar la honestidad, dio el retorno a Sancho con tantas, que a su despecho le quitó
el sueño; el cual, viéndose tratar de aquella manera y sin saber de quién,
alzándose como pudo, se abrazó con Maritornes, y comenzaron entre los dos la
más reñida y graciosa escaramuza del mundo.
Viendo, pues, el arriero a la lumbre del candil del ventero cual andaba su dama,
dejando a Don Quijote, acudió a dalle el socorro necesario. Lo mi