Quijote, que la vida de los caballeros andantes está sujeta a mil peligros y
desventuras, y ni más ni menos está en potencia propincua de ser los caballeros
andantes reyes y emperadores, como lo ha mostrado la experiencia en muchos y
diversos caballeros de cuyas historias yo tengo entera noticia. Y pudiérate contar
ahora, si el dolor me diera lugar, de algunos que sólo por el valor de su brazo han
subido a los altos grados que he contado, y estos mismos se vieron antes y
después en diversas calamidades y miserias, porque el valeroso Amadís de Gaula
se vió en poder de su mortal enemigo Arcaláus el encantador, de quien se tiene por
averiguado que le dio, teniéndole preso, más de doscientos azotes con las riendas
de su caballo, atado a una columna de un patio; y aun hay un autor secreto y de no
poco crédito que dice, que habiendo cogido al caballero del Febo con una cierta
trampa que se le hundió debajo de los pies en un cierto castillo, al caer se halló en
una honda sima debajo de la tierra, atado de pies y manos, y allí le echaron una
destas que llaman melecinas de agua de nieve y arena, de lo que llegó muy al
cabo, y si no fuera socorrido en aquella gran cuita de un sabio grande amigo suyo,
lo pasara muy mal el pobre caballero...