Test Drive | Page 47

Que puestos en los páramos desiertos los ecos roncos de mi mal inciertos suenen con tu rigor tan sin segundo, por privilegio de mis cortos hados serán llevados por el ancho mundo. Mata un desdén, aterrada paciencia o verdadera o falsa una sospecha; mata los celos con rigor tan fuerte; Desconcierta la vida larga ausencia; contra un temor de olvido no aprovecha firme esperanza de dichosa suerte. En todo hay cierta, inevitable muerte; mas yo, ¡milagro nunca visto! vivo celoso, ausente, desdeñado y cierto de las sospechas que me tienen muerto: y en el olvido en quien mi fuego avivo. Y entre tantos tormentos, nunca alcanza mi vista a ver en sombra a la esperanza; ni yo desesperado la procuro, antes por extremarme en mi querella, estar sin ella eternamente juro. ¿Puédese por ventura en un instante esperar y temer, o es bien hacello, siendo las causas del temor más ciertas? ¿Tengo, si el duro celo está delante, de cerrar estos ojos, si he de vello por mil heridas en el alma abiertas? ¿Quién no abrirá de par en par las puertas a la desconfianza, cuando mira descubierto el desdén, y las sospechas ¡Oh amarga conversión! verdades hechas, y la limpia verdad vuelta en mentira? ¡Oh en el reino de amor fieros tiranos celos! ponedme un hierro en estas manos. Dam, desdén, una torcida soga. ¡Mas ay de mí! que con cruel victoria vuestra memoria el sufrimiento ahoga. Yo muero, en fin, y porque nunca espere, buen suceso en la muerte ni en la vida, pertinaz estaré en mi fantasía: Diré que va acertado el que bien quiere y que es más libre el alma más rendida a la de amor antigua tiranía. Diré que la enemiga siempre mía, hermosa el alma como el cuerpo tiene, y que su olvido de mi culpa nace, y que en fe de los males que nos hace amor su imperio en justa paz mantiene.