-Ninguno responda; porque éstos, sin duda, son cosarios franceses, que hacen a
toda ropa.
Por este advertimiento, ninguno respondió palabra; y habiendo pasado un poco
delante, que ya el bajel quedaba a sotavento, de improviso soltaron dos piezas de
artillería, y, a lo que parecía, ambas venían con cadenas, porque con una cortaron
nuestro árbol por medio, y dieron con él y con la vela en la mar; y al momento
disparando otra pieza, vino a dar la bala en mitad de nuestra barca, de modo, que
la abrió toda, sin hacer otro mal alguno; pero como nosotros nos vimos ir a fondo,
comenzamos todos a grandes voces a pedir socorro, y a rogar a los del bajel que
nos acogiesen, porque nos anegábamos. Amainaron entonces, y echando el esquife
o barca a la mar, entraron en él hasta doce franceses bien armados, con sus
arcabuces y cuerdas encendidas, y así llegaron junto al nuestro; y viendo cuán
pocos éramos, y cómo el bajel se hundía, nos recogieron, diciendo que por haber
usado de la descortesía de no respondelles, nos había sucedido aquello. Nuestro
renegado tomó el cofre de las riquezas de Zoraida, y dio con él en la mar, sin que
ninguno echase de ver en lo que hacía. En resolución, todos pasamos con los
franceses, los cuales, después de haberse informado de todo aquello que de
nosotros saber quisieron, como si fueran nuestros capitales enemigos, nos
despojaron de todo cuanto teníamos, y a Zoraida le quitaron hasta los carcajes que
traía en los pies; pero no me daba a mí tanta pesadumbre la que a Zoraida daban
como me la daba el temor que tenía de que habían de pasar del quitar de las
riquísimas y preciosísimas joyas al quitar de la joya que más valía y ella más
estimaba. Pero los deseos de aquella gente no se extienden a más que al dinero, y
desto jamás se vee haría su codicia; lo cual entonces llegó a tanto, que aun hasta
los vestidos de cautivos nos quitaran si de algún provecho les fueran; y hubo
parecer entre ellos de que a todos nos arrojasen a la mar envueltos en una vela,
porque tenían intención de tratar en algunos puertos de España con nombre de que
eran bretones, y si nos llevaban vivos serían castigados siendo descubierto su
hurto; mas el capitán, que era el que había despojado a mi querida Zoraida, dijo
que él se contentaba con la presa que tenía, y que no quería tocar en ningún puerto
de España, sino pasar el estrecho de Gibraltar de noche, o como pudiese, y irse a la
Rochela, de donde había salido; y así, tomaron por acuerdo de darnos el esquife de
su navío, y todo lo necesario para la corta navegación que nos quedaba, como lo
hicieron otro día, ya a vista de tierra de España; con la cual vista todas nuestras
pesadumbres y pobrezas se nos olvidaron de todo punto, como si no hubieran
pasado por nosotros: tanto es el gusto de alcanzar la libertad perdida.
Cerca de medio día podría ser cuando nos echaron en la barca, dándonos dos
barriles de agua y algún bizcocho; y el capitán, movido no sé de qué misericordia,
al embarcarse la hermosísima Zoraida, le dio hasta cuarenta escudos de oro, y no
consintió que le quitasen sus soldados estos mesmos vestidos que ahora tiene
puestos. Entramos en el bajel; dimosles las gracias por el bien que nos hacían,
mostrándonos más agradecidos que quejosos; ellos se hicieron a lo largo, siguiendo
la derrota del estrecho; nosotros, sin mirar a otro norte que a la tierra que se nos
mostraba delante, nos dimos tanta priesa a bogar, que al poner del sol estábamos
tan cerca, que bien pudiéramos, a nuestro parecer, llegar antes que fuera muy
noche; pero, por no parecer en aquella noche la luna y el cielo mostrarse escuro, y
por ignorar el paraje en que estábamos, no nos pareció cosa segura embestir en
tierra, como a muchos de nosotros les parecía, diciendo que diésemos en ella,
aunque fuese en unas peñas y lejos de poblado, porque así aseguraríamos el temor
que de razón se debía tener que por allí anduviesen bajeles de cosarios de Tetuán,
los cuales anochecen en Berbería y amanecen en las costas de España, y hacen, de
ordinario, presa, y se vuelven a dormir a sus casas; pero de los contrarios
pareceres el que se tomó fue que nos llegásemos poco a poco, y que si el sosiego
del mar lo concediese, desembarcásemos donde pudiésemos. Hízose así, y poco
antes de la media noche sería cuando llegamos al pie de una disformísima y alta