Capítulo 40: Donde se prosigue la historia del cautivo
Soneto
Almas dichosas que del mortal velo
libres y exentas, por el bien que obrastes,
desde la baja tierra os levantastes,
a lo más alto y lo mejor del cielo,
y, ardiendo en ira y en honroso celo,
de los cuernos la fuerza ejercitastes,
que en propia y sangre ajena colorastes
el mar vecino y arenoso suelo;
primero que el valor faltó la vida
en los cansados brazos, que, muriendo,
con ser vencidos, llevan la vitoria.