Resolvióse, en fin, a cabo de una gran pieza, de irse a la aldea de su amigo, donde
había estado cuando dio lugar a que se maquinase toda aquella desventura. Cerró
las puedas de su casa, subió a caballo, y con desmayado aliento se puso en
camino; y apenas hubo andado la mitad, cuando, acosado de sus pensamientos, le
fue forzoso apearse y arrendar su caballo a un árbol, a cuyo tronco se dejó caer,
dando tiernos y dolorosos suspiros, y allí se estuvo hasta casi que anochecía; y a
aquella hora vio que venía un hombre a caballo de la ciudad, y, después de haberle
saludado, le preguntó qué nuevas había en Florencia. El ciudadano respondió:
-Las más extrañas que muchos días ha se han oído en ella; porque se dice
públicamente que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo el rico, que vivía a San
Juan, se llevó esta noche a Camila, mujer de Anselmo, el cual tampoco parece.
Todo esto ha dicho una criada de Camila, que anoche la halló el gobernador
descolgándose con una sábana por las ventanas de la casa de Anselmo. En efeto,
no sé puntualmente cómo pasó el negocio; sólo sé que toda la ciudad está
admirada deste suceso, porque no se podía esperar tal hecho de la mucha y
familiar amistad de los dos, que dicen que era tanta, que los llamaban los dos
amigos.
-¿Sáb