-No te dé pena eso, señora mía -respondió Leonela-; que no está la monta ni es
causa para menguar la estimación darse lo que se da presto, si, en efecto, lo que
se da es bueno, y ello por sí digno de estimarse. Y aun suele decirse que el que
luego da, da dos veces.
-También se suele decir -dijo Camila- que lo que cuesta poco se estima en menos.
-No corre por ti esa razón -respondió Leonela-, porque el amor, según he oído
decir, unas veces vuela, y otras anda; con éste corre, y con aquél va despacio; a
unos entibia, y a otros abrasa; a unos hiere, y a otros mata; en un mesmo punto
comienza la carrera de sus deseos, y en aquel mesmo punto la acaba y concluye;
por la mañana suele poner el cerco a una fortaleza, y a la noche la tiene rendida,
porque no hay fuerza que le resista. Y siendo así, ¿de qué te espantas, o de qué
temes, si lo mismo debe de haber acontecido a Lotario, habiendo tomado el amor
por instrumento de rendirnos la ausencia de mi señor? Y era forzoso que en ella se
concluyese lo que el amor tenía determinado, sin dar tiempo al tiempo para que
Anselmo le tuviese de volver, y con su presencia quedase imperfecta la obra;
porque el amor no tiene otro mejor ministro para ejecutar lo que desea que es la
ocasión; de la ocasión se sirve en todos sus hechos, principalmente en los
principios. Todo esto sé yo muy bien más de experiencia que de oídas, y algún día
te lo diré, señora; que yo también soy de carne, y de sangre moza. Cuanto más,
señora Camila, que no te entregaste ni diste tan luego, que primero no hubieses
visto en los ojos, en los suspiros, en las razones y en las promesas y dádivas de
Lotario toda su alma, viendo en ella y en sus virtudes cuán digno era Lotario de ser
amado. Pues si esto es ansí, no te asalten la imaginación esos escrupulosos y
melindrosos pensamientos; sino asegúrate que Lotario te estima como tú le
estimas a él, y vive con contento y satisfacción de que ya que caíste en el lazo
amoroso, es el que te aprieta de valor y de estima, y que no sólo tiene las cuatro
eses que dicen que han de tener los buenos enamorados, sino todo un abecé
entero: si no, escúchame, y verás como te le digo de coro. El es, según yo veo y a
mi me parece, agradecido, bueno, caballero, dadivoso, enamorado, firme, gallardo,
ilustre, leal, mozo, noble, onesto, principal, quantioso, rico, y las eses que dicen, y
luego, tácito, verdadero. La X no le cuadra, porque es letra áspera; la Y ya está
dicha; la Z, zelador de tu honra.
Rióse Camila del abecé de su doncella, y túvola por más plática en las cosas de
amor que ella decía; y así lo confesó ella, descubriendo a Camila cómo trataba
amores con un mancebo bien nacido, de la mesma ciudad; de lo