Daniel Blinder
MERCOSUR, la UNASUR o la CELAC en la política exterior, muestran un cambio
sustancial en el concierto de las naciones, que ya no tiene por prioridad solamente las
relaciones con la potencia rectora, sino la integración y el desarrollo.
Adicionalmente, la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, por su
importancia estratégica, la política manifiesta de ir hacia un modelo de sustitución de
importaciones, de recuperar la industria nacional y de cerrar la brecha tecnológica
entre sectores sociales, muestra un cambio de época en que el Estado toma un rol
activo en el desarrollo, que antes había sido dejado a las fuerzas del mercado.
También, el reclamo por Malvinas en la ONU y en todos los foros internacionales,
el repudio de la guerra que impulsaron los militares golpistas, la crítica a la
nuclearización del Atlántico Sur por parte del Reino Unido, que han violado incluso
tratados que nos hicieron confiables internacionalmente como Tlatelolco, son
elementos que en conjunto son capaces de plantear un nuevo escenario interno y
externo para resistir a presiones, y presentarse como confiables.
Como consecuencia de la política internacional de la década de 1990 y las políticas
exteriores adoptadas por Menem, se pueden distinguir algunos hechos relevantes. En
primer lugar, previamente a la asunción de Néstor Kirchner, ocurrieron los atentados
a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001, que desató una política militarista
ofensiva por parte de los Estados Unidos, lo que acentuó la irrelevancia de la región
sudamericana, pero también la obsesión por la seguridad global y la no proliferación.
En segundo lugar, las políticas del FMI llevaron a la crisis económica, a la cesación
de pagos y a buscar nuevos modelos de desarrollo. También, debido a la crisis
económica marcada por el problema del crédito internacional y al nuevo panorama
internacional, en que el regionalismo comienza a tener preponderancia, la Argentina
encontró aliados en sus socios de América del Sur. Este contexto es sin lugar a dudas
muy distinto al de la administración de Carlos Menem.
El kirchnerismo heredó del Realismo Periférico la crisis internacional por la
adopción de medidas liberales, una batería de compromisos internacionales como el
MTCR y Tlatelolco, un Cóndor ya inexistente y la CONAE. Sin recursos, sin un plan o
voluntad de desarrollo tecnológico, con una conducta correcta ante las potencias del
sistema internacional no alcanza: a partir de 2003, los gobiernos en Argentina
incrementaron la inversión en ciencia y tecnología, y la importancia estratégica del
espacio. El resultado, todavía inacabado, es el Tronador II, como parte de un sueño
nacional de tener lanzador propio. En suma, en una coyuntura internacional, política
y económica diferente, se pueden distinguir hitos que marcan rupturas y
continuidades a partir del Realismo Periférico, cuyos resultados han redundado en
confiabilidad internacional para la Argentina, pero una confiabilidad para nada
absoluta, que puede observarse en las opiniones de los funcionarios
estadounidenses sobre la Argentina, que ante cualquier intento de desarrollo de
tecnología nacional, por fuera de los