Caballo de Troya
J. J. Benítez
tembloroso pulso del anciano hizo que buena parte del acíbar o áloe -porque de esto se
trataba- cayera al saco o se derramara sobre el abrupto pavimento de la cámara mortuoria. Sin
demasiado disimulo recogí un pellizco de aquel polvo, guardándomelo. Una vez de regreso al
módulo, y sometido al correspondiente análisis microscópico, Caballo de Troya supo que aquella
sustancia era en realidad una de las variantes del acíbar: el llamado «sucotrino», que debe su
nombre a la isla de Soco F