Test Drive | Page 328

Caballo de Troya J. J. Benítez tembloroso pulso del anciano hizo que buena parte del acíbar o áloe -porque de esto se trataba- cayera al saco o se derramara sobre el abrupto pavimento de la cámara mortuoria. Sin demasiado disimulo recogí un pellizco de aquel polvo, guardándomelo. Una vez de regreso al módulo, y sometido al correspondiente análisis microscópico, Caballo de Troya supo que aquella sustancia era en realidad una de las variantes del acíbar: el llamado «sucotrino», que debe su nombre a la isla de Soco F