con la fiereza que suele pintarse. Toda la imagen parecía una ascua de oro, como suele decirse.
Viéndola don Quijote, dijo:
–Este caballero fue uno de los mejores andantes que tuvo la milicia divina: llamóse don San Jorge, y
fue además defendedor de doncellas. Veamos esta otra.
Descubrióla el hombre, y pareció ser la de San Martín puesto a caballo, que partía la capa con el
pobre; y, apenas la hubo visto don Quijote, cuando dijo:
–Este caballero también fue de los aventureros cristianos, y creo que fue más liberal que valiente,
como lo puedes echar de ver, Sancho, en que está partiendo la capa con el pobre y le da la mitad; y
sin duda debía de ser entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de caritativo.
–No debió de ser eso –dijo Sancho–, sino que se debió de atener al refrán que dicen: que para dar y
tener, seso es menester.
Rióse don Quijote y pidió que quitasen otro lienzo, debajo del cual se descubrió la imagen del Patrón
de las Españas a caballo, la espada ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas; y, en
viéndola, dijo don Quijote:
–Éste sí que es caballero, y de las escuadras de Cristo; éste se llama don San Diego Matamoros, uno
de los más valientes santos y caballeros que tuvo el mundo y tiene agora el cielo.
Luego descubrieron otro lienzo, y pareció que encubría la caída de San Pablo del caballo abajo, con
todas las circunstancias que en el retablo de su conversión suelen pintarse. Cuando le vido tan al
vivo, que dijeran que Cristo le hablaba y Pablo respondía.
–Éste –dijo don Quijote– fue el mayor enemigo que tuvo la Iglesia de Dios Nuestro Señor en su
tiempo, y el mayor defensor suyo que tendrá jamás: caballero andante por la vida, y santo a pie
quedo por la muerte, trabajador incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien
sirvieron de escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase el mismo Jesucristo.
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