–¿Es verdad, caballero, que os dais por vencido, y que, instigado de vuestra temerosa conciencia, os
queréis casar con esta doncella?
–Sí, señor –respondió Tosilos.
–Él hace muy bien –dijo a esta sazón Sancho Panza–, porque lo que has de dar al mur, dalo al gato,
y sacarte ha de cuidado.
Íbase Tosilos desenlazando la celada, y rogaba que apriesa le ayudasen, porque le iban faltando los
espíritus del aliento, y no podía verse encerrado tanto tiempo en la estrecheza de aquel aposento.
Quitáronsela apriesa, y quedó descubierto y patente su rostro de lacayo. Viendo lo cual doña
Rodríguez y su hija, dando grandes voces, dijeron:
–¡Éste es engaño, engaño es éste! ¡A Tosilos, el lacayo del duque mi señor, nos han puesto en lugar
de mi verdadero esposo! ¡Justicia de Dios y del Rey, de tanta malicia, por no decir bellaquería!
–No vos acuitéis, señoras –dijo don Quijote–, que ni ésta es malicia ni es bellaquería; y si la es, y no
ha sido la causa el duque, sino los malos encantadores que me persiguen, los cuales, invidiosos de
que yo alcanzase la gloria deste vencimiento, han convertido el rostro de vuestro esposo en el de este
que decís que es lacayo del duque. Tomad mi consejo, y, a pesar de la malicia de mis enemigos,
casaos con él, que sin duda es el mismo que vos deseáis alcanzar por esposo.
El duque, que esto oyó, estuvo por romper en risa toda su cólera, y dijo:
–Son tan extraordinarias las cosas que suceden al señor don Quijote que estoy por cre[e]r que este
mi lacayo no lo es; pero usemos deste ardid y maña: dilatemos el casamiento quince días, si quieren,
y tengamos encerrado a este personaje que nos tiene dudosos, en los cuales podría ser que volviese a
su prístina figura; que no ha de durar tanto el rancor que los encantadores tienen al señor don
Quijote, y más, yéndoles tan poco en usar estos embelecos y transformaciones.
–¡Oh señor! –dijo Sancho–, que ya tienen estos malandrines por uso y costumbre de mudar las
cosas, de unas en otras, que tocan a mi amo. Un caballero que venció los días pasados, llamado el de
los Espejos, le volvieron en la figura del bachiller Sansón Carrasco, natural de nuestro pueblo y
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