177 Bellini, Vincenzo
( 1827), una tragedia romántica, fue la primera de sus numerosas colaboraciones con el poeta Felice Romani, ante cuyos versos elegantes y sentimiento por las palabras Bellini respondía de inmediato. Los críticos señalaron la expresividad de las melodías, la ausencia de pirotecnia vocal convencional y la importancia otorgada a los recitativos.
Il pirata fue la primera ópera que llevó fuera de Sicilia el nombre de Bellini. Su fama creció tanto que la ópera que se había comisionado a Vacai para el estreno del Teatro Carlo Felice en Génova, fue revocada a favor de Bellini. En vista de que no había suficiente tiempo para componer una nueva obra, adaptó y mejoró Bianca e Fernando( Génova, 1828) con la ayuda de Romani, la cual volvió a adoptar su título original. En La straniera( Milán, 1829), otra tragedia romántica, Bellini llevó la simpleza lírica al máximo, lo cual dio lugar a una controversia en la prensa a favor y en contra de este nuevo“ canto declamato”. A partir de entonces admitió mayor floritura en su estilo. Zaira( Parma, 1829), basada en Voltaire, fracasó en gran medida porque Bellini había suscitado un sentimiento local en su contra. Sin embargo, pudo recuperar mucho de la música en I Capuleti e i Montecchi( Venecia, 1830), especialmente porque ambas óperas tenían un héroe en travesti.
Con La sonnambula( Milán, 1831), una opera semiseria sentimental, Bellini consolidó su éxito; sin embargo, la trágica Norma, producida en La Scala ese mismo año, es normalmente considerada su obra maestra, a pesar de que fracasó en su estreno.( Ambas óperas tuvieron a la grandiosa Giuditta Pasta en el papel principal.) A continuación siguió una pausa de más de un año, en la cual el compositor visitó Nápoles y Sicilia, ascendiendo a un progreso triunfal. Su siguiente encargo, la tragedia histórica Beatrice di Tenda( Venecia, 1833), fue retrasada por dificultades con Romani que finalmente provocaron una ruptura entre ellos, pues cada uno culpaba al otro por la mala recepción que tuvo la ópera.
Bellini se refugió en una visita a Londres, donde fue celebrado por la sociedad moderna. Una ejecución de La sonnambula en inglés( lo cual le repugnaba) lo hizo fijarse en Maria Malibran, en quien descubrió a una intérprete ideal para su música. Después viajó a París donde fue contratado, junto con Donizetti, para escribir para el Théâtre Italien. Escogió el tema histórico romántico de I Puritani( París, 1835), con el exiliado conde Pepoli como su libretista. La obra tuvo un éxito inmediato y duradero – contando con la constelación de estrellas como Giulia Grisi, Giovanni Battista Rubini, Antonio Tamburini y Luigi Lablache( después conocido como el“ Cuarteto Puritani”) en los papeles principales – con el progreso en la cohesión temática y en la riqueza de la armonía y la escritura de partituras, así como un diseño innovador que en parte evitaba los conflictos violentos que usualmente alimentan la ópera italiana seria. Los planes a futuro incluían una obra para la Opéra, una versión de I Puritani para Nápoles retrabajada para Malibran y más óperas con Romani( con quien ya se había reconciliado). La muerte de Bellini, ocasionada por un mal intestinal, tomó al mundo de la música completamente por sorpresa.
Si bien Bellini encarnó la tradición operística italiana en su sentido más restringido o incluso provincial, tuvo fuera de su país un influjo mayor que ninguno de sus compatriotas, con la posible excepción de Rossini. Wagner, Schumann, Berlioz y Chaikovski le rindieron tributo y su influencia en Chopin es evidente. Fue admirado no tanto por sus óperas completas sino más bien por sus melodías, a las que se les pueden aplicar las líneas de Milton:“ notes of many a winding bout of linked sweetness long drawn out”( notas de un sinuoso arrebato de dulzura que hace tiempo partió). Igualmente personal es el uso que hace Bellini de sencillas disonancias de apoyatura en tiempo fuerte combinadas con una orquestación“ suave” para producir un efecto conmovedor. Junto con el tenor Rubini, dio a la tradición bel canto una nueva dirección hacia un mayor naturalismo de expresión.
Gracias a su atractiva apariencia romántica y su franca actitud, Bellini encantaba a todo el que lo conocía, incluso a quienes le desagradaban. Sin embargo, las cartas que quedan revelan una personalidad menos amable – ensimismado, envidioso de posibles rivales( especialmente Pacini y Donizetti), poco galante en su trato con las mujeres – y al mismo tiempo un hombre cuya profunda lealtad a unos pocos amigos, sobre todo a Florimo, inspira cierto respeto.
JB / RP 📖 F. FLORIMO, Bellini: Memorie e lettere( Florencia, 1882). L. CAMBI, Vincenzo Bellini: Epistolario( Milán, 1943). F. PASTURA, Bellini secondo la storia( Parma, 1959). L. ORREY, Bellini( Londres, 1969). H. WEINSTOCK, Vincenzo Bellini: His Life and Operas( Nueva York, 1971; Londres, 1972). M. R. ADAMO y F. LIPPMANN, Vincenzo Bellini( Turín, 1982). S. MAGUIRE, Vincenzo Bellini and the Aesthetics of Early Nineteenth-Century Italian Opera( Nueva York y Londres, 1989). J. ROSSELLI, The Life of Bellini( Cambridge, 1996).