Durante la Edad Media, el mundo de la repostería experimentó muchos cambios. Según Stephanie Butler, de History.com, las especias como la nuez moscada, la canela y la pimienta negra fueron usadas de forma más amplia.
A su vez, en muchas preparaciones, las frutas cristalizadas como limones, albaricoques y dátiles fueron agregadas para brindar dulzura y mayor textura a los postres.
Además, se le brindó mucho valor, por parte de los cocineros medievales, a la manteca de cerdo, la mantequilla y el azúcar.
Por ello, y como evidencia de un postre accesible para la mayoría de la población, se inició la tradición de regalar galletas en Navidad.
Particularmente, esto fue una continuidad a los festejos paganos del solsticio de invierno. Por lo tanto, representó un esfuerzo por mantener una práctica de compartir que se remonta a épocas más antiguas en honor al ciclo invernal.