Tango y Cultura Popular ® N° 163 - Page 4

Yo no soy “milonguero” ni lo quiero ser Un tanto provocativo el título, ¿no? Pero fíjense que puse “milonguero”, entre comillas. Porque no me refiero a los queridos y gloriosos frecuentadores de milongas sino a un tipo de personaje inexistente (o casi), inventado, dedicado a impedir que el Tango crezca y pueda ser realmente disfrutado por cada vez más gente. Ese “milonguero” (en realidad los que se escudan en él) es el responsable de que algunos que posan de organizadores recomienden DJs que no entienden nada del asunto y se dedican a poner tandas cuidadosamente seleccionadas, por lo aburridas, insulsas y monótonas, con el cuento de que “eso es lo que les gusta a los milongueros”. Sagradas palabras a las que no es posible oponerse. Escribí “casi” inexistente porque todos conocemos a algún individuo que frecuenta las milongas para criticar a los demás. Es aquél que, cuando uno propone algo distinto, dice: “esto no se puede bailar” (porque él no lo puede bailar). Esto de lo que se puede y lo que no se puede bailar es bastante curioso. 4 (No me refiero, por supuesto, a aquellas composiciones que explícitamente no están escritas para bailar). Lo que, a mi parecer, está mal es la generalización. Es lógico que no a todos les gusten los mismos temas, lo correcto es entonces decir “no lo bailo porque a mí no me gusta”. La diversidad de opiniones acerca de orquestas y temas se puede apreciar en las redes sociales. Lo malo es que los que opinan actúan como censores, dictando lo que es permitido poner y prohibiendo lo que no les gusta. Y se pelean con otros que funcionan de la misma forma. Encima, cada uno tiene su grupito de seguidores, que se dedican a adularlo ciegamente. Es que hay personajes que, en lugar de pensar y formar su propio criterio, prefieren repetir lo que otros dicen. Como ejemplo, he leído que con el Quinteto Real no se puede bailar. No se lo cuenten a nadie, pero las veces que yo he puesto Ensueños o Mal de amores por el Quinteto en una milonga la pista se llenaba. ¡Pobre gente, no sabía que eso no se podía bailar!