Summa Coaching Edición 16 16JULIO2018 | Page 59

Sucesos como éstos, ampliamente repetidos a lo lar- go de la historia, nos trasmiten algo que quizás nos negamos a escuchar de forma reiterada. La felicidad no está en la fama, el dinero, el reconocimiento, ni en ninguna otra cosa exterior. No está en lo que po- seemos, en el cargo que desempeñamos o en los lu- jos a los que podemos acceder en el día a día. El bienvivir es una decisión y un proceso personal, y por tanto interior. Requiere lograr vivir de dentro hacia fuera, y no al revés. Gestionando internamen- te lo que pasa a nuestro alrededor, y no siendo víc- timas del impacto emocional de lo que ocurre fuera de nosotros. La vida nos regala buenos y malos mo- mentos; aprender a bienvivir significa aceptar ese hecho simple sobre el cual no tenemos poder algu- no; aprender a gestionar alargando y disfrutando de los buenos, y transitando, aceptando y acortando los malos momentos. Eso es lo que depende de nosotros, ese e s nuestro poder personal. Y ¡Es un gran poder! Lo más curioso y paradójico es que, al ser un proceso estrictamente personal, al menos sobre el papel, pareciera que es más fácil conseguirlo. Y sin embargo, se convierte en el reto de toda una vida, y en ocasiones como he- mos visto al inicio, es algo imposible de lograr. ¿Por qué es tan difícil ser feliz? Es necesario empezar por recordar algo importante: lo que nos diferencia del resto de los mamiferos, lo que nos convierte en seres “superiores”, es nuestra capacidad de pensar. Por eso los animales transitan sobreviviendo, pero nosotros ansiamos vivir con todo lo que esa palabra conlleva, bienvivir. Y la paradoja reside en que ese instrumento, el pen- samiento, lo que nos hace diferentes, es el mismo que nos permite ser felices, y el que nos produce las más altas cuotas de sufrimiento. Todo depende de la emocionalidad desde la que pensamos, pues las emociones condicionan nuestra forma de pensar. El pensamiento nos permite liberarnos de cualquier lastre del pasado, o vivir en permanente resenti- miento por algo que ya pasó y que resulta imposible cambiar. Vivir así es renunciar al poder que tenemos. Es vi- vir como resultado de lo que nos va pasando. Vivir como víctimas, siendo la pelota del partido, no un jugador más que hace lo que mejor sabe hacer, aun- que hay días que le sale mejor y otros peor. Veamos algunas razones que tienden a producir al- tas dosis de infelicidad en muchas personas, y son causa de gran sufrimiento: 1.- Heridas no resueltas del pasado: Si es cierto que no podemos cambiar el pasado, y lo es, solo podemos reinterpretarlo. Un hecho ineludi- ble es que la vida, en los primeros años nos genera heridas sin que tengamos armas para gestionarlas. Por eso, cuando aprendemos a bienvivir necesita- mos reinterpretar ese pasado para ponerle paz. Y eso va a requerir saber perdonar, porque el perdón es el gran ciactrizante de las heridas emocionales. 2.- Falta de Aceptación de la realidad: A la realidad le da igual si nosotros la aceptamos o no, va a seguir siendo la realidad. Entonces, ¿porqué nos empeñamos en vivir entre el “hubiera” y el “de- bería” cuando ambos son mundo ficticios? Aceptar la realidad cuando es dura e incómoda puede pare- cer difícil, pero es precisamente negarla, lo que hace que en la práctica sea mucho más difícil digerirla, transitarla y superarla. Gestionar la realidad no es pretender moldearla a mi gusto. 3.- Percibir el logro como medida del éxito: H Hace pocas semanas escuchamos en las noticias tres suicidios de personas notoriamente famosas: una diseñandora de modas exitosa, un chef de renom- bre internacional y una joven aristócrata viviendo el sueño de princesas de muchas chicas. Tener sueños es fundamental para ponerse en ac- ción buscando cumplirlos, pero vivir pretendiendo que nuestra felicidad dependa de nuestros logros, nos hace perdernos en el camino, percibir como fra- casos lo que no logramos, y por tanto vivir más en la frustración y el sufrimiento. Muchos de los que sí 59 logran todos sus sueños se dan cuenta, como nues- tros ejemplos del principio, que ahí no estaba la tan