#SoyUNEVErsitario Revista #SoyUNEVErsitario Número 21 | Page 25
E l Z orro
H ace mucho tiempo entre las montañas al norte del lago de la gran Tenochtitlán vivía
un zorro muy peculiar, era de color gris y su aspecto era muy amigable y los demás
animales que habitaban con él aquel lugar quedaban encantados con su personalidad.
Comúnmente bajaba de las montañas al valle en busca de agua y comida. Un día a
lo lejos miró cómo unos hombres se acercaban; estos no eran los típicos que pasaban
cotidianamente en busca de leña y hortalizas; no usaban taparrabo, su aspecto era
rudo, portaban cascos de hierro, pantaloncillos, corazas y en lugar de lanzas, escudos
de acero; esto extrañó al zorro y al mismo tiempo le llenó de terror ver algo tan ex-
traordinario; al observar que aquellos varones casi pasaban justo por el lugar donde él
se encontraba, inmediatamente se escabulló entre las piedras y logró esconderse en una
pequeña madriguera, dejó pasar unos minutos hasta dejar de escuchar el ruido de las
pisadas y de aquellos artefactos que portaban. Consternado ante la situación trató de
hacer un sonido para llamar a todos sus amigos animales para contarles lo que acababa
de ver, cuando de pronto unas grandes bestias aparecieron en el horizonte, eran muy
grandes a comparación de él y tenían patas largas y encima de ellos montaban hombres
vestidos de la misma forma que los que acababa de ver pasar; nunca antes había visto
semejantes seres; por un momento recordó la historia de sus antepasados, quienes le
hablaban acerca del gran dios Quetzalcóatl el cuál algún día regresaría desde el más allá
para reinar en toda la región, por tanto se preguntó a sí mismo ¿Acaso habrá regresado
nuestro señor?, de pronto sintió una ráfaga de viento y dirigiendo la mirada hacia
enfrente observó una especie de remolino, -¿Qué es esto que ven mis ojos?– exclamó
aterrorizado el zorro, -Tranquilo, no temas, soy Ehécatl, el dios del viento- salió una voz
de aquel remolino, el zorro sintió un gran alivio al escuchar esto puesto que sabía que
Ehécatl era la deidad que gobernaba todo aquel valle. De pronto el dios le dijo al zorro
–Lo que has visto el dia de hoy no es ninguna casualidad, has sido elegido para venir
conmigo y mostrarte el futuro-, Zorro le respondió -¿Y cómo será eso señor?-, Ehécatl
sin mencionar nada lo abrazó con su mismo remolino y se lo llevó con él, de pronto
Zorro salió lanzado del remolino apareciendo en otro lugar visiblemente distinto de
donde había sido tomado, -¿Dónde estoy? ¿A dónde me has traído?- preguntó; Ehécatl
le respondió –Tranquilo, es exactamente el mismo lugar donde estábamos hace unos
momentos, solo hemos viajado en el tiempo, estamos en el año 2019-, Zorro anonada-
do le dijo -¿Por qué hay tantas murallas? No veo el valle, no veo árboles, ¡ni siquiera
puedo respirar!-, Ehécatl dijo –No son murallas, son casas, ahora este lugar es habitado
por mucha gente, se ha convertido en una de las zonas más pobladas de toda la región,
hay pocos árboles, la mayoría han sido talados para construir casas y por tanto no exis-
te suficiente oxígeno. El hombre ha inventado algo llamado “automóvil” que genera
mucha contaminación y eso provoca que el aire no sea de la mejor calidad, por eso te
cuesta respirar-, Zorro un tanto sofocado pidió agua, a lo que el dios le respondió –Te
de
E catepec
proveeré de agua ahora mismo por ser señor de esta región pero también el agua casi
se ha agotado, el lago que ocupaba esta gran región se ha secado y los mantos acuíferos
han sido sobreexplotados, dentro de poco habrá problemas muy graves por la escasez-,
Zorro comenzó a llorar al ver que su valle había sido destruido, Ehécatl trató de ani-
marlo –No todo son malas noticias, ve hacia allá- le exclamó al mismo tiempo que una
especie de brazuelo de viento salía de aquel remolino señalándole –Mira esa construc-
ción, es una escuela, se llama UNEVE, y ha sido construida sobre una parte de nuestro
valle, este es uno de mis lugares favoritos, ¿Sabes? Disfruto mucho pasearme por aquí,
a cada uno de los docentes, alumnos y personal en general que acuden a este lugar los
abrazo constantemente con mi amor, se los hago sentir a través de mi viento, para que
sepan que estoy ahí y que necesito de su ayuda para preservar lo que queda de nuestro
valle, ¡pero parece que algunos no me sienten!, aunque me alegra saber otros más ya
están haciendo algo por ayudarme, ya que yo represento la naturaleza. ¡En este lugar
tendrás historia! ¡Ellos te aman!, al igual que a mí, inclusive ahora han llamado a este
lugar “Ecatepec” ¡Haciendo referencia a mi nombre!- exclamó alegremente Ehécatl a
Zorro mientras este lo observaba fijamente, -Te he elegido porque quiero que vayas a
contar a los tuyos todo lo que has visto y les instes a cuidar nuestro hogar, necesito
ayuda-, Zorro no dejaba de llorar, Ehécatl sin más ni más lo volvió a abrazar y lo
regresó al lugar y tiempo de donde había viajado, -Hemos regresado amado Zorro- le
exclamó amablemente, Zorro secándose las lágrimas con sus patitas le preguntó apre-
suradamente –Dime quiénes son esos extraños hombres que he visto pasar por aquí,
¿también son dioses como tú? o ¿Son enemigos?-, Ehécatl tardó para responder –Por
ahora no te diré más, lamento decirte que ellos ya han llegado aquí y tú verás lo que
harán, vas a sufrir, verás sangre correr y escucharás lamentos por doquier, pero quiero
que sepas que pase lo que pase y algunos se olviden que existo seguiré reinando y abra-
zando a todo ser durante su peregrinar por esta tierra, ve ahora y cumple tu propósito,
yo siempre estaré contigo, algún día el hombre terminará contigo también, mientras
tanto no dejes de hacer todo lo que esté a tu alcance, te prometo que el día que ya
no habites en este valle seguirás presente en las montañas del horizonte y cada piedra
gris con que se toparen los hombres te representará-, de pronto el remolino se esfumó
y zorro quedó solo, aunque al mismo tiempo unas fuerzas por correr a la montaña y
contar todo lo vivido ese día surgieron desde el fondo de su ser, -¡Es tiempo de actuar!
¡Puedo hacer algo!. Corrió y corrió, y anunció todo lo que le fue transmitido aquel día.
Han pasado muchos años pero ahora cada vez que voltees a las montañas o te topes
con una piedra gris por tu camino recuerda que algún día ese lugar sobre el que estás
parado fue habitado por el zorro y ahora es tuyo… Es tu turno…
Perez Prado Jonathan Uriel, 25 años,
UNEVE, Gerontología, 1er Semestre
Tecamac, Estado de México,
25
Junio 2019