Europa, dama poderosa______________________
Ciudadanos de este pequeño rincón de mudo llamado Europa:
Hoy no os escribo esta carta por placer sino que lo hago porque siento la necesidad de
defender algo tan esencial para la correcta comprensión del género humano como los
orígenes. ¿Sabemos quiénes somos? ¿De dónde provenimos? No, no lo sabemos. La
toxina del olvido invade poco a poco cada uno de los rincones, por escondidos que
estén, de nuestra consciencia. Esto no sería posible sin la ayuda de uno de los males
endémicos de nuestra sociedad, la ignorancia.
Nosotros, los habitantes de Europa, debemos nuestra manera de ser, pensar y vivir a
un gran cúmulo de ideas y pensamientos regidos en gran parte por la cultura clásica.
Las raíces de este viejo árbol llamado Europa se encuentran repartidas entre las costas
de Italia Central y las islas del Egeo. Pero, curiosamente, nuestra sociedad, en lugar
devalorar de dónde provenimos, se intenta apartar de sus orígenes, del vergel clásico
donde floreció nuestra cultura occidental. De hecho, hemos llegado a tal punto, que el
adjetivo “clásico” ha adquirido connotaciones peyorativas entre las generaciones más
jóvenes. Aunque no nos lo parezca, esto es terrible.
Una sociedad que pierde su identidad es un peligro en potencia. Si un pueblo olvida sus
orígenes, está condenado a su destrucción. La pérdida de la cultura clásica supone para
Europa un proceso de deshumanización que ya estamos viendo en la actualidad, en el