SINAPSIS | Page 21

SINAPSIS –Abril 2016 y el de Magisterio, llegando a participar en los sectores nacionales universitarios los dos años que competimos. Sin embargo, jamás destaqué más que por mi fiereza defensiva; cada una sirve para lo que vale. A pesar de ser bastante alta en comparación con mis compañeras, no anoté más de 6 puntos en un partido; no tenía buena puntería. De mi época en el Sagrado recuerdo, además del baloncesto, los ratos que pasábamos cantando y tocando la guitarra (como yo quería aprender, mis padres me regalaron una a los 13 años y yo me la llevaba al cole donde mis compañeras me enseñaban a tocarla en los recreos y en los ratos libres, cantando canciones de los Pecos, Serrat, de misa, o las típicas de adolescentes de aquella época: “Van encorvados”, “El accidente”…), las actuaciones de Navidad y fin de curso y los larguísimos bocadillos de pan de viena que rellenábamos con lo que cada una traía de casa. Como universitaria, y a pesar de no haber salido de mi localidad natal, conseguí cuadrar en un grupo de personas con intereses parecidos, a quienes mi carácter rebelde, inconformista y protestón no asustaba sino que, como han llegado a decirme al cabo de los años, incluso admiraban. Dicen que en Magisterio sólo se pinta y se recorta, pero eso fue lo que quienes estudiamos en aquella época menos hicimos. Sí que nos gustaba visitar el bar de la Escuela en los descansos y cuando nos tocaba alguna tediosa clase de alguna asignatura que podíamos aprobar pidiendo los apuntes. Lo que parece que no cambia es que una no aprende a ser maestra en la Universidad. Hasta que no entras por primera vez en tu clase y te ves delante de un grupo de niñas y niños que esperan todo de ti, no eres consciente de lo poco que sabes y lo muchísimo que te queda por aprender. Y aún sigo aprendiendo… Mi primer destino fue en un pueblecino de los Ibores y siempre lo recordaré, no sólo por ser “mi primera vez”, sino por todas las experiencias que viví, las personas que conocí y lo mucho que aprendí. En una ocasión, la mujer del entonces director del colegio me dijo que tenía muchas ganas de hacer cosas porque acababa de empezar pero que con el tiempo, las perdería. Por suerte, ¡se equivocó de lleno! Después estuve en Madroñera, en el aula de adultos; una de las vivencias más enriquecedoras como Comunicación y libre pensamiento