SINAPSIS –Abril 2016
y el de Magisterio, llegando a participar
en
los
sectores
nacionales
universitarios los dos años que
competimos. Sin embargo, jamás
destaqué más que por mi fiereza
defensiva; cada una sirve para lo que
vale. A pesar de ser bastante alta en
comparación con mis compañeras, no
anoté más de 6 puntos en un partido;
no tenía buena puntería.
De mi época en el Sagrado
recuerdo, además del baloncesto, los
ratos que pasábamos cantando y
tocando la guitarra (como yo quería
aprender, mis padres me regalaron una
a los 13 años y yo me la llevaba al cole
donde mis compañeras me enseñaban
a tocarla en los recreos y en los ratos
libres, cantando canciones de los Pecos,
Serrat, de misa, o las típicas de
adolescentes de aquella época: “Van
encorvados”, “El accidente”…), las
actuaciones de Navidad y fin de curso y
los larguísimos bocadillos de pan de
viena que rellenábamos con lo que
cada una traía de casa.
Como universitaria, y a pesar de
no haber salido de mi localidad natal,
conseguí cuadrar en un grupo de
personas con intereses parecidos, a
quienes
mi
carácter
rebelde,
inconformista y protestón no asustaba
sino que, como han llegado a decirme
al cabo de los años, incluso admiraban.
Dicen que en Magisterio sólo se pinta y
se recorta, pero eso fue lo que quienes
estudiamos en aquella época menos
hicimos. Sí que nos gustaba visitar el
bar de la Escuela en los descansos y
cuando nos tocaba alguna tediosa clase
de alguna asignatura que podíamos
aprobar pidiendo los apuntes. Lo que
parece que no cambia es que una no
aprende a ser maestra en la
Universidad. Hasta que no entras por
primera vez en tu clase y te ves delante
de un grupo de niñas y niños que
esperan todo de ti, no eres consciente
de lo poco que sabes y lo muchísimo
que te queda por aprender. Y aún sigo
aprendiendo…
Mi primer destino fue en un
pueblecino de los Ibores y siempre lo
recordaré, no sólo por ser “mi primera
vez”, sino por todas las experiencias
que viví, las personas que conocí y lo
mucho que aprendí. En una ocasión, la
mujer del entonces director del colegio
me dijo que tenía muchas ganas de
hacer cosas porque acababa de
empezar pero que con el tiempo, las
perdería. Por suerte, ¡se equivocó de
lleno!
Después estuve en Madroñera,
en el aula de adultos; una de las
vivencias más enriquecedoras como
Comunicación y libre pensamiento