Semillas
Educativas
5.
Soy misionero
para el mundo
«Cuando el hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en
la tierra, fue enviado el espíritu Santo el día de Pentecostés para que
santificara continuamente a la Iglesia. Es entonces cuando la Iglesia
se manifestó públicamente ante la multitud; se inició la difusión del
Evangelio entre los pueblos mediante la predicación .»
Catecismo de la Iglesia Católica. 766.
Cada uno de nosotros estamos
llamados a fundar y continuar con
el reino de amor en los demás, no
sin antes, descubrirnos a nosotros
mismos para hallar las múltiples
respuestas al mandato de la Salva-
ción, instaurado por Dios para los
hombres, en cuyo camino debemos
encontrarnos, para aliviar las cargas
y promover el espíritu de servicio. zador, para que este se proyecte
y llegue más allá de las fronteras,
para que los niños, jóvenes y
adultos puedan vibrar con Je-
sús que es la eterna salvación, el
camino que conduce a una sola
meta: Dios, Ser misionero es sen-
tir la presencia viva y original de
Cristo en los actos y hechos que
hagamos a diario.
Tenemos la tarea grande de regar
semillas de esperanza, de promul-
gar el mensaje del Evangelio a los
hombres y pueblos del mundo, de
encauzar noblemente a quienes
están extraviados y atraerlos por el
sendero del bien. Somos misione-
ros para el mundo, gente que va
con Cristo en su interior y afronta
las dificultades, venciendo las ig-
nominias, los descalabros y acep-
tándose tal cual es, como un ser
con ideas, que se deja iluminar por
la acción del Espíritu Santo. El mundo actual necesita, que sea-
mos verdaderos misioneros, que
no nos dé miedo enfrentarnos a
la ignorancia y al secularismo, y
que tracemos derroteros claros y
precisos, para llegar con sencillez
y pulcritud a los demás, especial-
mente a aquellos pueblos en que
el mensaje de Cristo no ha llega-
do, porque no ha habido quién lo
anuncie.
Como bautizados, estamos lla-
mados a ser luz para el mundo, a
vibrar con fortaleza y a brillar par-
ticipativamente con los demás,
anunciando el mensaje Evangeli-
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Se necesita de hombres deci-
didos, que vayan sin temor, de
puerta en puerta, a abrir los cora-
zones, afrontando las realidades
de pobreza, miseria y ausentismo
espiritual. Hombres valientes, mi-
sioneros con proyección, invadi-
dos del carisma de la misericordia,
Semillas educativas. Orientaciones didácticas para la formación de la Infancia Misionera
desde la escuela.
PhD José Orlando Salazar Duque.