Semillas
Educativas
4.
Espiritualidad
misionera
«Jesucristo nos da la vida para comunicarla a todos. Nuestra misión
nos exige que, unidos a nuestros pueblos, estemos abiertos a recibir
esta vida en plenitud, para comunicarla abundantemente a las iglesias
a nosotros encomendadas, y también más allá de nuestras fronteras. La
nueva Evangelización tiene que ser capaz de despertar un nuevo fervor
misionero en una iglesia cada vez más arraigada en la fuerza y el poder
perennes de pentecostés.» Santo Domingo-124.
Qué importante y bueno es cono-
cer a Cristo y adentrarnos en su obra
Redentora para la humanidad, sin-
tiéndolo en el corazón, vislumbran-
do su belleza para que venzamos las
tentaciones y adquiramos fuerzas
para luchar contra todo aquello que
nos niega como personas, y como
imágenes de Cristo.
El cristiano está llamado a vivir su
espiritualidad y no solo eso, sino
también a compartirla, siendo un
templo del Espíritu Santo para los
demás, haciendo que, con sus ac-
titudes, otros, los sigan y formen
una cadena inmensa para el mun-
do, venciendo al pecado y reno-
vándose continuamente, para que
reine la concordia, la verdad y el
entusiasmo de una Iglesia peregri-
na, que caminando por el mundo
con sus pastores y discípulos se-
pan encontrarse y darse la mano.
A través de ella, podemos descu-
brir el mundo con facilidad, abrien-
do sus puertas, concentrándonos
en el servicio, siendo portadores
del emblema de amor, auténticos
heraldos cuyo escudo nos pro-
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tegerá, ya que tiene la fuerza ne-
cesaria para enfrentar el peligro y
recibir el triunfo.
La espiritualidad misionera la po-
demos compartir, perteneciendo
a la Iglesia, por ejemplo, el niño a
los Grupos de Infancia, haciendo
que el mensaje de Jesús se haga
vida, brote como agua de un ma-
nantial fresco y llegue hasta noso-
tros, produciendo frutos de verda-
dero alcance para la humanidad.
Es la misión del amor, del trabajo y
el contacto con Cristo. En los sen-
timientos y actitudes y encuentros
con los demás, podemos irradiar la
espiritualidad, pues Jesús se hace
presente en cada uno en cualquier
circunstancia.
El misionero ha de dejarse ilumi-
nar por el Espíritu Santo, ya que la
vida de todo cristiano comprome-
tido ha de ser expresión de ese
amor a Jesús y ha de ir también
cada día pareciéndose más a Él,
ya que no se puede dar testimo-
nio de Cristo sin antes profundi-
zar su palabra viva por la gracia y
obra del Espíritu Santo.
Semillas educativas. Orientaciones didácticas para la formación de la Infancia Misionera
desde la escuela.
PhD José Orlando Salazar Duque.