SEISCEROSEIS
grito de una mujer emocionada que va corriendo con su pequeña en busca de un buen lugar
para poder presenciar mejor a Radovan Tariška, eslovaco que a los cinco años fue
introducido a la música por su abuelo, quien era clarinetista y saxofonista.
Es importante mencionar que durante la trayectoria de Tariška, él ha participado en
diversas agrupaciones y proyectos, uno de los más exitosos nació en 2012 y continúa
actualmente, se llama Folklore to Jazz.
Llegar a los jardines del CENART es fácil, obtener un buen lugar cerca del escenario es lo
difícil, es necesario llegar lo más temprano posible.
A pesar de ser un género musical no tan comercial, el número de asistentes es sorprendente.
Sentados, acostados, parados, recargados; no importa la posición en la cual el cuerpo esté
acomodado, los sentidos están puestos para disfrutar de la tranquilidad y felicidad que
transmite este género musical tan placentero, el jazz.
Sin duda también se puede observar que es un buen lugar para convivir, pues se observa a
las personas con su pareja, familia y amigos pasar una plácida tarde riendo, platicando,
disfrutando del evento.
Es imposible no aplaudir y suspirar después de escuchar cada nota que marca el final de las
melodías. Definir todas las emociones es tan complicado como el hecho de querer
mencionar cuál fue la mejor de las piezas que, durante una hora y media, lograron
complacernos.
Y como todo lo que empieza tiene que terminar, al momento de tener que despedir esta
mágica experiencia, es inevitable sentir melancolía pero a la vez, una sensación de
satisfacción, al ver que tu día fue perfecto por haber tenido el privilegio de asistir a este
gran y extraordinario festival del Eurojazz.
Por: Pérez Garnica Regina Alejandra
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