Como un método de máxima aceptación de la diversidad de lo que somos y significando que campesinos somos todos, los cacerolazos han fortalecido la resistencia colectiva y en tan solo horas contribuido a cambiar los modos de entender y participar en la protesta sin centros de mando, ni orientaciones salidas de directorios políticos. La protesta ha permitido ver otro significado de la democracia en paz y con libertades, en la que niños y niñas hacen sonar sus juguetes y hombres, mujeres, parejas y familias enteras incluidas mascotas, hacen sonar matracas –propias de la semana santa-, panderetas. Señores de corbata con olletas y cucharones, profesores con ollas, estudiantes con tapas, pitos, tambores, cornetas, en fin, lo mejor cada casa es llevado a este pequeño acto de orquesta que suena con los tonos de la diversidad, de lo plural, del sentido colectivo. La gente sale, va, apoya, le importa el otro, los otros, los que van a su lado, los del lado contrario, los de arriba, los de abajo, se respira un ambiente de paz, de alegría por la dignidad de un pueblo burlado, que fue levantada por los campesinos y de la que cada uno/a se quedara con un pedacito de recuerdo. Ojala el gobierno y el estado con mayor exactitud, tuviera tiempo para vivir un día, al menos un solo día de esta fiesta democrática, y ojala se mirara a los ojos con la gente de estas tierras dormidas de otros tiempos, del remanso de paz que está de fiesta, haciendo una revuelta raizal, un carnaval salido de sus orígenes, de la tierra y de sus campesinos, que en este país somos todos. La gente tomó partido por la tierra, por las semillas, las cosechas y los alimentos y sobre todo por sus originarios poseedores y cuidadores que salen de los cultivos para enfrentar al temible modelo neoliberal que afecta y destruye lo propio, que está despojando al país de su riqueza y entregándola a los nuevos colonizadores representados por transnacionales, financistas y grandes medios de desinformación. Las movilizaciones ya trascienden el campo, como lo han hecho históricamente sus gentes desplazadas y desarraigadas que ahora salen del vientre de las ciudades y de los cordones de miseria a sumar en estas marchas de protesta. El país de los campesinos está presente en todo el territorio y tiende a fortalecerse, los anuncios indican que ya vienen los obreros, los estudiantes, los profesores, los trabajadores de la salud, en señal de que el paro no termina. El paro agrario es legítimo, está hecho con las fibras más finas de la justicia y las demandas son de fondo y habrá que ir a los orígenes, tocar las causas, las estructuras, la totalidad de un pueblo campesino vestido de mil colores, y esto no se logra simplificando o reduciendo trámites, tampoco con nuevas leyes, ni múltiples mesas difusas y sectoriales. Es hora de apostar por que la movilización tenga una Mesa Única Nacional de negociación directa del conflicto social entre Estado y Pueblo.
CACEROLAZOS CAMPESINOS Manuel Humberto Restrepo Domínguez Así como los campanazos dan señales de novedades y anuncian grandes acontecimientos en la vida de los pueblos, los cacerolazos, desde comienzos de la década del 70 en Chile, han venido anunciando que algo no está bien en los gobiernos. Son una herramienta de denuncia, en oposición a determinadas actos del gobierno, representan rechazo, inconformidad, rabia. Incluso llevaron a