PALABRAS LIMINARES
La Universidad de Königsberg (en la antigua Prusia) es famosa, entre muchas cosas, porque allí orientó clases el filósofo Immanuel Kant. Para no alargar el chico, sólo voy a recordar que en dicha universidad había una cátedra llamada pedagogía. No tenía docente específico, entonces los profesores se la turnaban, así como se hace en el Santoto con la clase de Ética, asignatura fundamental que es considerada por muchos como un relleno. Pues bien. Kant tuvo que dar la cátedra de Pedagogía de vez en cuando. En algún momento se recogieron sus notas y se publicó un libro que comienza con la siguiente sentencia -que por supuesto tiene numerosas implicaciones-: ?El hombre es la única criatura que ha de ser educada?. No voy a analizar la obra de Kant y su visión de la importancia de la educación; únicamente planteo que la anécdota nos recuerda que todo docente debe estar capacitado para enseñar (¿?) Pedagogía y Ética, aparte del saber propio de su disciplina, así como tuvo que hacer Kant… Y todo este rollo se dirige a lo siguiente: Es sospechoso el maestro que se niega a comprender que la precaria democracia le paga un salario para que reflexione sobre los problemas de la enseñanza respecto a los valores, anti-valores y malestares culturales en los que se halla inmersa su cultura. Es un trabajo tan complejo y tan importante que se ha visto en los últimos años cómo se han utilizado estrategias para no permitir que los docentes cumplan con su función social por las que se les paga. De hecho los malos salarios son parte de esa estrategia. No se les paga bien a los maestros para espantar posibles buenos maestros en las futuras generaciones. Este problema abre una brecha para revalidar la importancia de nuestra labor. Si las élites lesionan tanto el trabajo del docente hasta el punto en el que no le permite profundizar en sus estudios, le compete al docente comenzar a autoformarse al margen de estas estrategias que impiden que el maestro estudie. En alguno de los artículos que siguen se dice eso. Estamos así porque no leemos. Exigimos a los estudiantes que lean pero nosotros no lo hacemos. Exigimos a los maestros de estudien pero nosotros no lo hacemos. Que investiguen, que cuestionen, que produzcan, pero nosotros no lo hacemos. Nos hemos encerrado en una burbujita y estamos al margen de lo que pasa en el país y en el mundo. Y la importancia de esta coyuntura en la que por primera vez se despertó el país de su anestesia, pasará y en los centros de saber no se hizo eco, ni se hará… Pero esto no es tan cierto. En mi caso puedo dar testimonio de que desde el gobierno de Gaviria, estudiantes y maestros protestaron contra lo que en ese entonces eran las Áreas de Libre Comercio y la Apertura económica. Y desde entonces universidades y sindicatos han asumido posiciones críticas respecto a los efectos sociales que tiene la implantación de políticas económicas que también son estratégicas para ciertos sectores, como son los Tratados de Libre Comercio. De hecho aunque existan numerosos críticos desencantados del Sindicato de maestros, tendrán que aceptar que las numerosas peleas que dieron, permitieron que entre todas las profesiones que existen, y que se oponen a los sucesivos