SAMIZDAT | Crónica de una vida nueva Enero-Febrero 2011 | Page 6

6 SAMIZDAT. ENERO-FEBRERO 2011 E D I TO R I A L Han terminado los exámenes ¡Por fin han terminado los exámenes! ¡Era el tiempo que todos estábamos esperando! Tras haber pasado unas semanas que se han hecho eternas, de tirarnos horas y horas en la biblioteca, mordi éndonos las uñas de los nervios, tomando cafés por las mañanas y tilas por las noches, haciendo miles de esquemas y convenciéndonos a nosotros mismos de que “venga, este cuatrimestre ya sí que sí, apruebo todo”, ha llegado el final. Han sido días realmente duros, interminables, de preguntarnos para qué narices estudiamos, por qué le dedicamos tantas horas a asignaturas que no nos gustan o que sabemos que vamos a suspender y qué sentido tiene el tiempo, incluso cuando no te cunde. Todo esto sin contar las continuas acusaciones que nos hacemos de si “debería haber estudiado más, si es que soy un desastre, a día de hoy y me faltan apuntes, si es que al final no sé cómo lo hago que siempre me pilla el toro, el cuatrimestre que viene empiezo bien desde el principio…” y un infinito número de etcéteras. Centrábamos todas nuestras esperanzas en terminar de una vez este maldito tiempo para poder dormir, salir, ir a tomar algo, estar al sol, descansar, tener tiempo para nosotros mismos… En fin, poder ser “verdaderamente libres” de una vez. Y efectivamente, llega ese día, terminas el último examen que te ha costado muchísimo, te vas con los de tu clase a tomar algo, brindas, lo celebras, vas a casa y duermes algo así como 14 horas seguidas, con una sonrisa de oreja a oreja por haber dejado los libros bien cerrados encima de la mesa. Te levantas a la hora de comer sin ningún tipo de presión y ese día no haces nada porque “te lo mereces”. Y sin embargo, amigo mío, resulta que al final del día estás igual de triste que el día anterior. Te sorprendes porque no es suficiente haber terminado los exámenes y tener miles de planes que poder hacer, o que el plan perfecto sea por fin no hacer nada. Porque sin hacer nada te das cuenta de que te aburres y hacerlo (como de hecho hacías mientras estudiabas) sólo porque toca, tampoco te basta. no puedo darle al OFF durante unas semanas porque me tenga que dedicar a estudiar, y luego volver a darle al ON cuando haya acabado, porque sería como dejar fuera una parte de mí misma. Sería hacerme creer que soy de otra manera, que no tengo todas estas preguntas. Sería intentar convencerme a mí misma de que estoy deseando demasiado, y conformarme con haber terminado los exámenes. Y esto sería contradecirme, porque, sinceramente, sí que deseo más que terminar, aprobar y hacer lo que me dé la gana. Y estoy contenta de ser cada día más consciente de que a mi corazón no se le acalla con respuestas banales, sino que grita constantemente, porque lo desea todo. Incluso, si me apuras, puede que ya tengas las notas y que hasta hayas aprobado todo. ¡Y que ni siquiera eso sea suficiente! Curiosa paradoja, pero es así. Estamos hechos de tal manera, que pedir aprobar, poder ir de compras o ver los partidos de fútbol se nos queda corto ¡Sería pedir muy poco! No nos basta. ¡Queremos más, mucho más que sólo eso! ¿Cómo es posible? ¿Será que anhelamos algo que nunca podremos tener? ¿Será que simplemente tenemos que conformarnos? ¿Será que estamos pidiendo demasiado? ¿Que la vida no da más de sí? No voy a responder a todas estas preguntas, pero os digo que, en los años que llevo de universidad me he dado cuenta de que el problema no es tanto qué cosas hacemos, sino cómo las hacemos, es decir, qué esperamos de cada instante. Porque reconozco que yo, en cualquier caso, soy la misma persona, con los mismos problemas, las mismas circunstancias y los mismos deseos. Esto significa que si mi madre está enferma o mi amiga tiene un problema, por mucho que lo intente no puedo olvidar lo que me pasa ni cuando estoy estudiando;