Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 197
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izquierda, puesto que sería lógico que una parte fuera celaje y, sin embargo,
cromáticamente la sentimos incorporada a un inmenso macizo montañoso
que no parece creíble por lo desmesurado.
Antonio Brugada lo tituló El Santo Oficio, (24 ) que es el nombre
oficial con el que lo titula hoy el Museo del Prado, sin que tengamos más
referencia que el personaje de la parte inferior izquierda que va vestido con
arreglo al hábito de la Inquisición. La pintura presenta una muchedum-
bre que al igual que sucede en La Romería, destaca a un grupo de nueve
figuras en el primer plano de la parte inferior derecha. Al estar cortadas
produce esa sensación de grupo más numeroso que se prolonga fuera de los
límites del cuadro. Un recurso ya ensayado en obras como Los fusilamien-
tos o El Dos de Mayo. Figuras que parecen competir por salir en la “foto”,
pues se apiñan de manera irreal para mirar al espectador. En un ritmo de
tres coloca las nueve figuras; tres de ellas se nos muestran con casi todo el
cuerpo, otras tres sólo con sus cabezas y las otras tres restantes con atisbos
de sus frentes.
En la obra se aprecian muchas partes donde las capas de yeso de la
pared hay zonas debieron caerse y se hace evidente la mano del restaurador;
24- Descrita como “celestinas recibiendo mensajes de unos caballeros para proporcionarles
jóvenes vírgenes”, por P. L. Imbert, en su libro L´Espagne. Splendeurs e miséres. Voyages
artistique y pintoresque, de 1876; vista por él en 1873, antes de la adquisición de la casa por
el barón Émile d´Erlanger. En el catálogo del Prado de 1900, se le dio el título de “Peregri-
nación a la fuente de San Isidro”.