Rumor de límites. Memoria del desasosiego (hacia las Pinturas Negras) FINAL DE LAS PINTURAS NEGRAS-QUINTA DEL SORDO | Page 165

165 Si tuviera que nombrar un cuadro representativo de estas obras no dudaría en escoger Saturno. El desgarrador personaje devorando a una mujer, es símbolo del horror y la locura. Es posible que Goya conociera la versión del Saturno pintada por Rubens en 1636 (Madrid, Museo del Pra- do), pero decide apartarse de cualquier interpretación o símbolo mitológi- co para centrarse en la expresividad del rostro y la mueca, reflejando la crueldad del acto, sobre todos en esas manos que hieren, que hacen daño a nuestra mirada mientras se clavan en la carne de la mujer devorada. Es importante señalar cómo le son ajenas interpretaciones anteriores. Su va- lentía libre le obliga a hacer lo que siente aún cuando ese sentir no haya sido transitado anteriormente. En Saturno nos encontramos con otra de las obras maestras de to- dos los tiempos y digo maestra porque enseña, porque avanza hacia lo des- conocido, porque se adentra en manera no antes entrevista al crear nuevas formas, que en este caso si son claramente expresivas, expresionistas, una pintura de nuevo cuño, una vuelta de tuerca más en su descomposición de las formas. Analizaremos los detalles más adelante, también la aceptación casi unánime de un hijo, en masculino, cuando los glúteos y el inicio de las caderas corresponden claramente a una mujer, como pude comprobar en mi análisis ante la obra. Un detalle que anteriormente no había captado y que me ha resultado revelador pues podría tratarse de una alusión a la sexualidad ya devorada en sentido negativo. De ser así tal vez nos daría la voracidad sexual, la violencia sexual que el hombre ejercía, y ejerce en oca- siones sobre la mujer, además una referencia quizás a su propia situación