Comunicación y liderazgo
Por José Luis Rojas
lrojas50@hotmail.com
El mundo de hoy es más fluido, más dialogante y más
pacifista que el de siglos pasados. Sin embargo, estas
relativas fortalezas no han facilitado que un número
importante de líderes empresariales, laborales, religiosos y sociales, sigan apegados a sus viejos modelos
mentales, conduciéndolos a realizar un uso mediático e
irracional de sus respectivas cuotas de poder,
Tanto ayer como hoy, los hechos se han encargado de
evidenciar que cuando el poder es ejercido al margen de
la comunicación asertiva, solo se logra profundizar las
causas que originan grandes conflictos. En el mundo de
hoy, donde la diversidad de las ideas y el respeto a la
dignidad humana se asumen como tendencias, ser un
buen líder no basta con tener mucho poder y autoridad,
es imprescindible conocer y poner en práctica las
bondades de la comunicación.
Las bondades y fortalezas que históricamente se le han
atribuido a la comunicación, como proceso integrador,
no parecen haber estado presentes en las mentes de los
líderes que toman decisiones trascendentales, con las
que supuestamente se pretende favorecer el bienestar
común. Para ser un líder inspirador, es necesario ser un
comunicador de influencia.
Es importante sensibilizar a los líderes empresariales,
laborales, políticos y sociales, acerca de los beneficios
que proporciona la comunicación, vista como proceso
participativo que facilita el dialogo, las negociaciones, la
toma de decisiones y la articulación.
El mundo actual necesita más líderes que miren y usen la
comunicación, ya sea humana o mediática, como recurso
para pasar del conflicto inútil a la articulación productiva
y sostenible.
Hay que legitimar la comunicación como el medio más
idóneo para pasar del conflicto a la articulación. En
pocas palabras, hacer de la comunicación un instrumen-
to continuo de diálogo social, político, económico,
sociocultural y hasta familiar.
Los tipos y cantidad de conflictos que se originan continuamente entre los grupos humanos y los pueblos, son
evidencias concretas de que todavía la comunicación no
es visualizada por los líderes locales, regionales y mundiales, como insumo que corrige y previene situaciones
que podrían concluir en controversias políticas, sociales,
económicas, étnicas y culturales.
En este mundo fluido y globalizado, los profesionales de
la comunicación tienen que jugar el papel de mensajeros
de la paz. Hay que comenzar a estudiar los registros y
huellas comunicacionales que han permitido a hombres y
mujeres de paz, llevar sus discursos y prácticas