Ritmo Económico 27 Enero 2014 | Seite 18

Comunicación y liderazgo Por José Luis Rojas lrojas50@hotmail.com El mundo de hoy es más fluido, más dialogante y más pacifista que el de siglos pasados. Sin embargo, estas relativas fortalezas no han facilitado que un número importante de líderes empresariales, laborales, religiosos y sociales, sigan apegados a sus viejos modelos mentales, conduciéndolos a realizar un uso mediático e irracional de sus respectivas cuotas de poder, Tanto ayer como hoy, los hechos se han encargado de evidenciar que cuando el poder es ejercido al margen de la comunicación asertiva, solo se logra profundizar las causas que originan grandes conflictos. En el mundo de hoy, donde la diversidad de las ideas y el respeto a la dignidad humana se asumen como tendencias, ser un buen líder no basta con tener mucho poder y autoridad, es imprescindible conocer y poner en práctica las bondades de la comunicación. Las bondades y fortalezas que históricamente se le han atribuido a la comunicación, como proceso integrador, no parecen haber estado presentes en las mentes de los líderes que toman decisiones trascendentales, con las que supuestamente se pretende favorecer el bienestar común. Para ser un líder inspirador, es necesario ser un comunicador de influencia. Es importante sensibilizar a los líderes empresariales, laborales, políticos y sociales, acerca de los beneficios que proporciona la comunicación, vista como proceso participativo que facilita el dialogo, las negociaciones, la toma de decisiones y la articulación. El mundo actual necesita más líderes que miren y usen la comunicación, ya sea humana o mediática, como recurso para pasar del conflicto inútil a la articulación productiva y sostenible. Hay que legitimar la comunicación como el medio más idóneo para pasar del conflicto a la articulación. En pocas palabras, hacer de la comunicación un instrumen- to continuo de diálogo social, político, económico, sociocultural y hasta familiar. Los tipos y cantidad de conflictos que se originan continuamente entre los grupos humanos y los pueblos, son evidencias concretas de que todavía la comunicación no es visualizada por los líderes locales, regionales y mundiales, como insumo que corrige y previene situaciones que podrían concluir en controversias políticas, sociales, económicas, étnicas y culturales. En este mundo fluido y globalizado, los profesionales de la comunicación tienen que jugar el papel de mensajeros de la paz. Hay que comenzar a estudiar los registros y huellas comunicacionales que han permitido a hombres y mujeres de paz, llevar sus discursos y prácticas