RIE-UANL AÑO 1 VOL. 1 | Seite 431

como maneras especificas de entender y comunicar la realidad e influyan a la vez que son determinadas por las personas a través de sus interacciones (Reyes, 2006). Se trata de un proceso de ida y vuelta en donde no existe la posibilidad de fijar eternamente esquemas pues son reformuladas constantemente en el transcurso cotidiano de la vida mediante la comunicación interindividual de los sujetos. Esta postura teórica nos remite al interaccionismo simbólico de George Herbet Mead, pero más precisamente a la teoría de las representaciones colectivas desarrollada por Émile Durkheim (1971), quien a grandes rasgos consideraba que las representaciones colectivas trascendían a las individuales, y que estas de alguna manera se objetivaban en productos culturales, ritos o costumbres (Mora, 2002:6). Moscovici se refería al surgimiento de estas en los momentos de crisis, y algunos teóricos como el caso de Henri Tajfel, señalan que el surgimiento de las representaciones sociales tiene tres finalidades: clasificar y comprender lo complejo o doloroso, justificar las acciones individuales o colectivas y diferenciarse socialmente de los otros (Mora, 2002:8). Estas formas de pensar y crear la realidad social están constituidas por elementos de carácter simbólico ya que no son solo formas de adquirir y reproducir el conocimiento, sino que tienen la capacidad de dotar de sentido a la realidad social y de intervenir en ella. Su finalidad es la de transformar lo desconocido en algo familiar para, de esta manera, guiar la acción de los sujetos. Con ellos nos volvemos a acercar a la visión normativa de la cultura postulada anteriormente. Las representaciones sociales; una herramienta para detectar la subjetividad. Dentro de la teoría de las representaciones sociales existen dos puntos muy importantes pues es ahí donde se hace presente el desarrollo de la naturalización, que sirve de enganche entre 423