Revista UNADiccion Septiembre 2015 | Page 4

Poco a poco

Tatuajes en papel

Me prometí dejarte ir, sin embargo

reapareces errante, cuasiforme,

andariega, poco a poco vas tomando

forma, poco a poco tu bella sonrisa

se vuelve a mostrar, esa que hacías

mordiéndote un labio mientras

desnudabas tus preciosos senos,

pequeños pero bien formados.

Es época para otros espíritus

pero ni antes ni ahora has rendido

culto a nada más que a los sentidos

gozando el presente sin ataduras.

Tú me enseñaste a cambiar sus

margaritas y cerezas por crisantemos

tú me enseñaste que no siempre que

uno se desnuda está expuesto, depende

con quién se haga, te sigo extrañando

pero ya no te busco, sólo me queda

tu recuerdo y el rastro que dejas

cuando tras la visita efímera te desvaneces.

Eres tú quien ahora visita de forma fugaz

eres tú quien se aleja y se vuelve humo

ahora entiendo cuando me decías "bienvenido"

y sin reparos te dedicabas a la entrega,

de haber tenido testigos nos hubiesen

llamado amantes pero ambos sabíamos

que no era amor lo que unía nuestros cuerpos

ambos pensamos que los amantes son

los que se prodigan amor, lo nuestro

era diferente.

Éramos dos seres en soledad que en la

coincidencia compartían su propio ser;

al menos un poco, dos transeúntes

que se hicieron compañía y se aligeraron

la carga en ciertos momentos, compañeros

fortuitos fraguando encuentros en cautela.

Hablábamos de las estrellas y preferíamos

no salir a mirarlas pues cada quién las buscaba

en el cuerpo del otro, yo a media luz recorriendo

tus caminos, a media luz para andar a tientas

y seguir mirando tus dunas y veredas y tú a veces

con ojos cerrados estrechándome hacia ti,

a veces con los ojos muy abiertos mirándome

fijamente con los labios entreabiertos jadeando

por un beso.

Ahora necesito tu néctar, el que tanto me

embriagaba, necesito el sabor de tu entrepierna,

que te llenes de mi y palpites al ritmo

de mis embestidas, que cantes aquellos lindos

gemidos y languidezcas a mi voluntad,

como antes, mientras encontraba tu dorso

y le unía mi pecho en palpitante fiebre

mis manos juguetonas te seguían recorriendo,

empezando por el norte, los dedos de la diestra

felizmente se entretenían en tus labios pues

deseaban por voluntad propia tocar el pedacito

de alma que dejabas escapar por tu boca.

Mientras tanto mi otra mano se regocijaba

haciendo círculos en la perfecta redondez

de tus botones y yo poco a poco visitaba

tu interior, preparando nuevas embestidas,

abriendo tus puertas pintadas de rubor,

luego de tus labios el camino seguía siendo

el sur, mi mano se adueñaba de tu blanco

y delicado cuello que se estiraba junto con

tus brazos para colocarlos hacia atrás

por encima de tu cabeza, al encuentro

de la mía, acercando tu boca a mi oído

para recibir el regalo: mi nombre en tus labios.

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