Un sobresalto me despertó, estaba en mi habitación, la luz de la lámpara callejera entraba
por mi ventana, cual rayo de luz interrumpiendo la oscuridad, me senté sobre la cama, el ruido
del clima sonaba enfriando la habitación, a mi derecha mi hijo dormía plácidamente entregado
al sueño, a mi izquierda mi esposo se despertaba un poco preguntándome que me pasaba por
la manera en que desperté, respiré, no vas creerme –le dije– soñé horrible, era una pesadilla
espantosa, mientras giraba mi cuerpo hacia a él para abrazarlo, al verlo, noté que algo extraño
salía de su cuello, era sangre, mis manos lo tocaron, abrió los ojos y estaban rojos, de su boca
salió una voz extraña que retumbaba en mi cerebro, mientras su cabeza giraba desprendiéndose
de su cuerpo ensangrentado y cayendo a la alfombra impregnando todo de sangre.
No es un sueño –me dijo– aun estas aquí… Aun estas con el diablo.