LILITH
Lilith bajo por la escalera presurosa, su corazón latía ferozmente y el sudor corría por su frente, la piel erizada y las pupilas dilatadas, era media noche y estaba sola, sin embargo una luz que entraba por su ventana la llamaba afuera en la helada y húmeda noche. Abrió la puerta de par en par y una luz azul turquesa la llamo desde lejos, el suelo mojado, las nubes ocultando la luna, las hojas secas penetrando la apertura de sus dedos, el viento fuerte, frío y cortante. Pero nada la detuvo a pesar de que a su cuerpo solo la cubría una delgada pijama de algodón y la negrura de la noche. Ni siquiera el miedo la detuvo pues esa luz irradiaba calor paz y tranquilidad.
Llego soltando bocanadas de aire que se condensaban con el viento y parecían pequeñas animas felices y danzantes ante la escasa luz de luna que temerosa se ocultaba entre las nubes. El frío penetro su cuerpo y la adrenalina se difumino con las inquietas animas, el frío corto el calor del algodón y su rostro entumido por el frío se disfrazó del color de los frutos del manzano.
Una roca brillante cayó cerca de su casa en un hermoso arbolado y el calor y su brillo llamaron a Lilith frente a ella . La roca la llamaba en un extraño idioma que solo Lilith pudo comprender y ante la atónita cara de una pequeña niña que ante la luz de una roca llegaba del espacio. La luz azul turquesa desapareció. Lilith quedo a la merced de las pequeñas animas danzantes que emanaban de su boca, a la luna tímida y al viento que violento cortaba el algodón de su ropa; cerró los ojos y despertó del sueño.
Desde aquel día despierta todos los días con los pies sucios, buscando aquel lugar, sin embargo han pasado los años y cada vez hay más casas y edificios en donde debería estar el arbolado. Y cada día de cada año despierta con los pies sucios llenos de hojas secas que los habitantes de aquel arbolado dejan caer desde sus ramas. Y cada noche de cada año que pasa el color y el calor de la roca azul turquesa dan paz y tranquilidad a pesar de comunicarse en un idioma que no entiende, en un mundo que no es de ella, en un lugar desconocido justo afuera de su casa. Pero desde aquel día, ella no llora y si la tristeza la atormenta solo piensa en aquella roca que añora, que después de tantas lunas algunas tímidas otras más curiosas, a pesar de que a veces el viento no sopla y otras empuja a demasía, a pesar del tiempo, la roca caída del cielo , la roca azul turquesa, la llama con el mismo extraño idioma . Pero en el fondo Lilith comprende lo que le dice y sin mucho pensar mira al cielo y es feliz.
Parte 1
Autor: Mario Daniel Martínez
Derechos de autor reservados
N O V E L A
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