Revista Todo Aventura Nº32 Dec. 2015 | Page 65

tas al agua y ramitas al fuego. Por la noche cocinábamos un bife a las brasas y luego de disfrutarlo le leía sus cuentitos en la carpa para que se durmiera. Ni bien amanecía Nachito se despertaba, comenzaba un nuevo día y me decía “tío despertate que salió el Sol”. Tanto a mí, como a mi hermano Marcelo y como a nuestro amigo Sebastián no nos quedaba otra que arrancar con el desayuno (leche con chocolate calentita y galletitas) para luego salir a caminar… Arrancábamos río arriba, pasábamos por la cascada principal y seguíamos hasta unos acantilados bien altos, a nuestras espaldas se encontraban unos planchones de nieve, solo teníamos que subir unos 250 metros, al llegar Nacho gritaba de alegría, esta sería su primera vez en la fría y esponjosa nieve, saltó, armamos un pingüino y se deslizó varias veces. Luego de un buen tiempo jugando comenzamos el descenso hasta el campamento. Allí almorzamos e inmediatamente nos fuimos a la zona de escalada: primero subí a preparar el Top Rope, preparé el rapel y descendí. A Ignacio lo equipé con un arnés simple y con una cinta se prepara uno de pecho, se unen ambos y se genera un arnés integral, de esta manera no se corre ningún riesgo, ya con su casquito puesto y encordado comienza a trepar de forma contundente. Evidentemente no tenía miedo de ningún tipo ya que escaló varias veces. Así, pasamos un fin de semana extraordinario, lleno de alegrías y emociones. La última de las historias fue con Maite, en ese entonces aún con 7 años viajamos a Villa el Chocón, una zona de bahías y acantilados, ideal para hacer rapel y escalar. Si bien con Mai vivimos en una zona rural de la provincia de Neuquén donde el entorno es natural, con muy pocas edificaciones, ella aún no había realizado esta actividad. Así, comenzamos con algo de trekking descendiendo hasta la arena, donde comimos, descansamos. Luego, utilizando unas jarillas de anclaje, armé el rapel, la altura de éste superaba los 25 metros. En un momento uno se queda colgado de la cuerda sin poder apoyar los pies. La experiencia fue excelente y a Maite le encantó. Desde ese momento hemos escalado en Villa el Chocón y Primeros Pinos, Ella entrena al menos dos veces por semana en una palestra, el avance en estos dos años fue notable, ha ganado fuerza y técnica. A mi criterio en todos los casos los chicos han aprendido muchas cosas divirtiéndose, aprendiendo a convivir en un medio natural adquieren importantes responsabilidades, asumen riesgos y sobre todo trabajan valores fundamentales en la vida. Respeto y esfuerzo son cosas que los marcará continuamente en su camino. Existen en muchas ciudades Clubes Andinos y palestras que realizan actividades de montaña, escalada en roca y campamentos, con precios accesibles y en donde predomina el respeto al entorno natural, las normas de seguridad y, por sobre todo, el goce del contacto con el medio ambiente, sin las presiones del deporte competitivo. TodoAventura Noviembre 2013 65