Durante la conferencia de prensa se presentó el recorrido y se mostraron videos de la
PER y la edición anterior de la PIM. Podíamos
ver en las caras de los corredores una mezcla
de ansiedad y nerviosismo.
Max Keith, luego ganador indiscutible de los
42k con un tiempo de 3:20hs, contó que, viniendo de exactamente el otro extremo del
país, encontraba exagerado y difícil de creer
todo lo que había escuchado de esta zona de
Chile, pero que luego de su primer contacto
cayó enamorado y se convirtió en otro fanático.
El sábado, muy temprano por la mañana, llegó el momento de la verdad. Partimos rumbo
a la primera de las cuatro largadas, la de 63k.
A orillas del Lago Gray, rodeados de montañas nevadas y témpanos, los corredores se
dispusieron en la línea de partida. Costaba
creer que una línea de largada pudiera tener
este entorno, tan único que hacía olvidar el
frío de la mañana patagónica.
En esta distancia hubo tres grandes corredores que se sabía que darían pelea: El sudafricano Ryan Sandes, atleta Red Bull, es uno de
los corredores de trail running más fuertes
del momento, y en sólo 4 horas, 24 minutos,
y 28 segundos alcanzó el primer puesto. Luego llegó el hawaiano Billy Barnett, quien con
un perfil súper bajo logró el segundo puesto
(con 4:56:36). En el tercer puesto (5:41:38)
tuvimos al también estadounidense Yassine
Diboun, quien arrastra una historia personal
fuerte y de superación a las adicciones, y
encontró en el running un medio de vida al
frente de Animal Athletics. Yassine nos contó
luego que se enamoró de esta carrera. Con
algo de desconfianza a correr sobre anchas
rutas, comenzó a recorrer el trazado, asombrándose en cada curva por la postal que
observaba, y olvidándose de los kilómetros.
Kristin Mohel, la ganadora femenina, coincidió en que nunca le gustó correr en rutas,
pero que adoró cada kilómetro de esta carrera y que volvería sin duda alguna.
Pasaron los primeros 21k y llegamos al punto de partida de los 42k, a orillas del Lago
Pehoé y al lado del puente Webber. Una
nueva postal de montañas, reflejadas en un
espejado lago, fue el escenario de esta nueva largada. Ya eran las diez de la mañana.
Aquí tuvimos la oportunidad de contar con
la presencia de Trent Morrow, un australiano
apodado Marathon Man, quien luego de haber perdido a su madre natural y su madre
adoptiva a manos del cáncer, decidió honrarlas corriendo en busca de romper el récord
Guinness de la mayor cantidad de maratones
oficiales en un año calendario. La PIM fué
su maratón número 106 de 2013, y el 19 de
50 TodoAventura Noviembre 2013
Octubre, en Indianápolis, logró su objetivo
corriendo la número 115.
Los kilómetros que nos llevaron hasta la largada de los 21k fueron los primeros en subida, pero teniendo casi todo el tiempo el
lago al costado de la ruta no fue tan difícil
mantener la mente ocupada en otra cosa,
disfrutando de un increíble día sin viento y a
pleno sol, algo bastante inusual en esta zona
de clima inestable e impredecible.
La largada de los 21k estuvo cargada de mucha energía y mucha música. Una clase de
aerobics en medio de la montaña para la entrada en calor fue sorprendida por los primeros corredores de 63k y 42k pasando entre
todos. Los gritos de aliento y palmadas de
Hi Five serían una inyección de energía para
aquellos que ya tenían en sus espaldas una
maratón completa.
Largada de los 21k
El recorrido mejoraba con cada cada kilómetro desde el principio, y todavía quedaban
10k de subida, pero cada curva regalaba un
nuevo paisaje único e increíble. Sólo daban
más ganas de seguir corriendo. Poco a poco
nos acercamos a la última largada, la de 10km,
ya con una increíble vista de las Torres del
Paine. Los corredores se seguían sumando, renovando energías a la carrera, acompañando
a los corredores de las distancias más largas,
y haciendo más llevadera la soledad de ir en
punta, que muchas veces puede ser una carga.
Los últimos 10kms del recorrido fueron los
más rápidos. Una bajada de más de trescientos metros de desnivel fue la recompensa
para todos los valientes que se animaron a
las distancias mayores, y puro disfrute para
aquellos que recién arrancaban. Uno a uno
fueron llegando todos al tan ansiado arco de
llegada en el Hotel Las Torres, donde esperaba un almuerzo proporcional al esfuerzo: una
hilera de corderos al asador esperaban tentadores y se podía percibir el aroma a lo lejos,
por si algún corredor necesitaba algo de incentivo adicional para los últimos metros.
Con un cierre increíble y todos los corredores compartiendo anécdotas de la carrera en
el almuerzo, pasó la segunda edición de la
Patagonian International Marathon que, sin
ninguna duda, se convertirá en una de esas
carreras que todos queremos correr al menos una vez en la vida.