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disminuir la brecha de rendimientos,
dado que el potencial que tiene un híbrido hoy se ubica entre los 11 ó 12
mil kilos/hectárea, pero lo que realmente cosecha el productor se ubica
entre los 7 ú 8 mil kilos por hectárea.
“Esa brecha de 4 a 5 mil kilos de diferencia es sobre la que tenemos que trabajar día a día para achicarla con
mejoramiento, manejo de cultivos, elección de híbridos y variedades, además
de fechas de siembra, porque no hay tierra suficiente para cultivar si necesitamos alimentar a los 9 mil millones de
habitantes que seremos en el mundo
para el 2050. Si queremos hacerlo deberemos trabajar con sustentabilidad y
con las rotaciones que correspondan”,
recomendó el presidente de AIAMBA.
En cuanto a las propuestas hechas
en el Congreso y la forma de que lleguen a los productores, Mutti consideró que para lograr esos fines “es
necesario que los ingenieros y asesores
participen en esta clase de eventos para
informarse y capacitarse, de modo de
poder transmitir a su vez ese conocimiento al agricultor”.
Uno de los puntos centrales del
congreso fue el tratamiento de la temática de los maíces con calidad diferenciada. El Médico Veterinario
Fernando Rivara, representante de
la Cámara de Molienda Seca de Maíz,
puso el enfoque en el maíz flint o colorado, que ofrece un plus de calidad
para el desafío exportador de la molienda seca. Un dato: hoy, en el país,
hay unos 70 molinos que procesan
40 mil toneladas anuales de este
grano.
“El flint representa la mejor opción
cuando necesitamos proveer a las fábricas de corn flakes, pastas y cervezas,
que son los consumidores de nuestros
productos elaborados, especialmente
harinas, sémolas y trozos gruesos. El
endoesperma vítreo de estos maíces
nos permite alcanzar los patrones de
calidad que exigen los elaboradores de
alimentos para consumo humano”,
apuntó. “Argentina es el único país
proveedor de este tipo de maíz, debido
a las características agroclimáticas de
su suelo y clima”, indicó Rivara, y resaltó que, casi en su totalidad, esta
variedad es libre de modificaciones
genéticas.
En lo que a mercados se refiere, Rivara contó que “el sector exportador argentino abastece a varios molinos del
exterior, principalmente los europeos,
con un volumen que oscila entre las 40
mil y las 270 mil toneladas anuales”.
Rivara lamentó que los rindes de
estos maíces se ubiquen entre un 15 y
un 30 por ciento por debajo de las variedades transgénicas, eso hace que
“las bonificaciones otorgadas a estos
granos, que oscilan entre los 25 y los 40
dólares, sólo alcancen para compensar
aquellas diferencias en kilos”.
Por otra parte indicó que en la medida que aumenta la industrialización
del maíz Flint, aumenta el monto nominal de retenciones que cobra el Estado Nacional, desestimulando de
esta forma el agregado de valor en origen. Y como ejemplo citó que una tonelada de maíz Flint en grano paga un
derecho de exportación de U$S 35 dólares por Tm, pero si se exportara harina de maíz envasada en paquetes de
medio kilogramo, dicha retención
sería de U$S 115 concluyó.
El ex agregado agrícola en la Unión
Europea y actual consultor privado,
Gustavo Idígoras, disertó sobre los
desafíos de los mercados diferenciales
de maíz y las oportunidades que representan para la Argentina.
Idígoras recordó que en la última
década se observó “una leve modificación en la estructura de la demanda
mundial, porque el maíz destinado al
consumo alimentario e industrial pasó
de un 30% en 2000/2001 al 41% en
2011, con una pérdida relativa equivalente en la utilización del maíz destinado a la alimentación animal”.
Para el consultor, el principal factor
de este cambio de composición tuvo
que ver con el crecimiento de la demanda de las industrias de etanol en
los Estados Unidos que dieron un
vuelco radical a la demanda de maíz
tal como era a principios de 2000.
Cabe destacar que entre los principales consumidores de maíz se sitúe
Estados Unidos a la cabeza con el 35%
de la producción mundial de este
maíz, seguido por China con el 20%, al
tiempo que la UE consume apenas un
7% de la producción internacional.