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fría, pueden llegar a perder hasta 2.000
litros de leche de su potencial, y una
pérdida de entre 400 y 600 dólares por
vaca año por no llegar a producir lo que
realmente puede.
En zonas medianas, con tres o cuatro
meses estresantes al año, equivalente a
algunas zonas de la Argentina o de Israel, se trata de una pérdida de 500
hasta 800 litros por vaca año. En otras
zonas, caídas de hasta 1.500 y se deja
de ganar entre 150 y 400 dólares por
vaca/año, que en muchos casos del país
es toda la ganancia que puede dejar
una vaca. Lo mismo en zonas frías, con
hasta un mes y medio de estrés calórico, ya se registra pérdida de leche.
En cuanto a cuáles son las vacas que
más sufren el estrés calórico y más pierden, el Ing. Flamenbaum hizo referencia
a un estudio en el que se pusieron a
vacas de nivel bajo, mediano y alto de
producción en una cámara caliente por
seis semanas. Después, se sacaron esas
vacas a 18 grados y como resultado de
la experiencia, surgió que la vaca bajo
productora cayó un poco en el nivel de
leche pero se aclimató y no perdió
mucho; la vaca mediana bajó, pero
cuando terminaron esas seis semanas
estresantes volvió a dar lo que se esperaba que dé sin este acontecimiento; y
las vacas altas productoras, recién paridas, las que son más sensibles al calor, y
en la etapa que más leche se espera
que den, bajaron pero al terminar el estrés calórico no volvieron a dar lo que
podían dar.
Esto quiere decir que las vacas más
sensibles al estrés calórico, son las vacas
recién paridas, altas productoras. Si las
vacas que están formando su lactancia
sufren el estrés calórico, no van a llegar
a un pico similar al que pueden arribar
en invierno. Por eso una de las metas de
los tamberos debe ser proteger a esas
vacas y ayudarles en diferentes formas a
alcanzar su pico más alto posible. Y esto
se puede hacer con buena alimentación
en las distintas etapas de transición.
“Las tres semanas antes de pari