Revista Tarapacá Insitu 33 - Page 31

aparecer ocho o nueve dedos en una sola mano . Otro gen , denominado Gli3 , se encarga de que solo haya cinco dedos en los humanos .
López-Ríos y sus colegas han observado que al inactivar el gen Gli3 en los ratones se forman ocho dedos , en lugar de los cinco habituales . Pero su sorpresa llegó cuando apagaron el Gli3 en peces , que obviamente no tienen dedos . Los animales mutantes tenían las aletas más grandes y con más huesos . “ La esencia de hacer dedos está enterrada en la aleta de los peces ”, sentencia López-Ríos , del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo , en Sevilla .
TIKTAALIK El biólogo evolutivo Neil Shubin sostiene que los seres humanos somos “ fantasmas de animales del pasado ”. En el documental Tu pez interior ( 2014 ), Shubin narraba su viaje en helicóptero al Ártico canadiense
, armado con un fusil para defenderse de los osos polares , en busca de “ fósiles que muestran la historia de nuestros propios cuerpos ”. Allí encontró los restos del tiktaalik , un animal extinto que vivió hace unos 375 millones de años y estaba a medio camino entre los peces primitivos y los primeros anfibios de cuatro patas que salieron del agua y conquistaron la Tierra .
Shubin , coautor del nuevo estudio , cree que sus peces mutantes “ revelan la profunda historia de nuestras manos y nuestros pies ”. El investigador , de la Universidad de Chicago , explica que el mecanismo de Sonic y Gli3 surgió “ probablemente ” hace unos 400 millones de años , facilitando el aumento progresivo del tamaño de las aletas , finalmente transformadas en robustas patas para caminar por el planeta . “ Las herramientas genéticas que crean nuestras
manos son muy antiguas , incluso anteriores a las extremidades : llegaron cientos de millones de años antes que el origen de nuestra especie ”, señala Shubin .
López-Ríos recalca que genes similares a Sonic ya estaban presentes incluso en los cnidarios , el primitivo grupo de animales invertebrados que incluye a las medusas , lo que sugiere que la quintaesencia de esta arquitectura genética apareció hace más de 600 millones de años . El genetista Javier Sampedro , periodista científico de EL PAÍS , lo resumió así en su libro Deconstruyendo a Darwin ( editorial Crítica ): “ Toda la deslumbrante diversidad animal de este planeta , desde los ácaros de la moqueta hasta los ministros de Cultura pasando por los berberechos y los gusanos que les parasitan , no son más que ajustes menores de un meticuloso plan de diseño que la evolución inventó una sola vez , hace unos 600 millones de años ”.
MEDAKAS Los autores del nuevo trabajo han realizado sus experimentos con medakas , unos pececillos de agua dulce típicos de Japón que son ideales para la ciencia , porque no paran de reproducirse y sus embriones son transparentes . En el animalario del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo hay unos 9.000 medakas , según explica la bióloga
Silvia Naranjo , coautora de la investigación . “ Estudios como este te muestran que hay estructuras que a priori parece que no tienen mucho que ver , pero sí . Obviamente venimos de los peces , no hay ninguna duda ”, subraya .
El nuevo estudio fue idea de Shubin y de José Luis Gómez Skarmeta , un brillante y carismático científico hispanochileno fallecido hace un año por un cáncer de esófago a los 54 años . Sus colegas recordaron en un obituario en EL PAÍS que el investigador había dedicado su carrera a comprender cómo la secuencia genética controla la formación de los órganos en el embrión .
Y también a entender cómo cambiaron esas instrucciones a lo largo de millones de años para transformar una aleta en una pata y una pata en una mano . Y , finalmente , a averiguar qué mutaciones , en esa secuencia maravillosa que dio lugar a la mano de Chopin , generan terribles malformaciones congénitas . El nuevo trabajo , publicado en la prestigiosa revista PNAS , es la última victoria científica de Gómez Skarmeta . El pasado viernes , sus compañeros posaron en la terraza del centro sevillano junto a un olivo colocado en su memoria .
(*) Este artículo fue publicado in extenso en el diario El País de España .
tarapacáinsitu 31