Por su parte, Mouffe (1999), citada por Serna (2008b): propone el “…
agonismo, interpretado como una lucha de personas oponentes, adversarios,
pero que no se pueden considerar enemigos, sino con diferencias de
pensamiento, lo que abre la posibilidad del pluralismo, elemento fundamental
para el desarrollo de mayores niveles de democracia” (pág. 275-276).
Puede entenderse entonces que, aunque son modelos independientes,
pueden relacionarse, cada uno posee sus propias particularidades, el centro
de interés es el hombre, es decir, se manifiesta humanista, con la búsqueda
de la integración y beneficios para él, tanto individual como en colectivo. En
este sentido, la historia y los modelos de ciudadanía han estado rodeados de
hechos que conllevan a mejorar al hombre como ser humano, y esto supone
mejorar su entorno y calidad de vida.
4. La Ciudadanía para la Transformación
A lo largo de la historia la concepción de ciudadanía ha variado en
importancia y significado político y social, donde se han planteado diversos
modelos, dando relevancia a la participación del hombre en la vida
democrática. Sin embargo, la ciudadanía es vista como la inserción al hombre
en la sociedad, ser ciudadano implica más allá del derecho al voto y la
participación, poseer valores que permitan la reconstrucción de una sociedad
que a lo largo del tiempo se ha visto afectada por acciones propias del
individuo que alejan la tolerancia, el respeto hacia el otro y al entorno.
Ahora bien, partiendo de esta premisa, la transformación de la sociedad
solo se logra cuando realmente el hombre se convierta en un ciudadano de
ética personal y social, la primera en la consideración de los valores
primordiales como el respeto, el amor, la convivencia, la vida hacia sí mismo
y hacia el otro, la responsabilidad y el compromiso, entre otros; mientras que
373
Arbitrado
(pág. 931).