Revista Scientific Volumen 4 / Nº 13 - Agosto-Octubre 2019 | Page 374

Por su parte, Mouffe (1999), citada por Serna (2008b): propone el “… agonismo, interpretado como una lucha de personas oponentes, adversarios, pero que no se pueden considerar enemigos, sino con diferencias de pensamiento, lo que abre la posibilidad del pluralismo, elemento fundamental para el desarrollo de mayores niveles de democracia” (pág. 275-276). Puede entenderse entonces que, aunque son modelos independientes, pueden relacionarse, cada uno posee sus propias particularidades, el centro de interés es el hombre, es decir, se manifiesta humanista, con la búsqueda de la integración y beneficios para él, tanto individual como en colectivo. En este sentido, la historia y los modelos de ciudadanía han estado rodeados de hechos que conllevan a mejorar al hombre como ser humano, y esto supone mejorar su entorno y calidad de vida. 4. La Ciudadanía para la Transformación A lo largo de la historia la concepción de ciudadanía ha variado en importancia y significado político y social, donde se han planteado diversos modelos, dando relevancia a la participación del hombre en la vida democrática. Sin embargo, la ciudadanía es vista como la inserción al hombre en la sociedad, ser ciudadano implica más allá del derecho al voto y la participación, poseer valores que permitan la reconstrucción de una sociedad que a lo largo del tiempo se ha visto afectada por acciones propias del individuo que alejan la tolerancia, el respeto hacia el otro y al entorno. Ahora bien, partiendo de esta premisa, la transformación de la sociedad solo se logra cuando realmente el hombre se convierta en un ciudadano de ética personal y social, la primera en la consideración de los valores primordiales como el respeto, el amor, la convivencia, la vida hacia sí mismo y hacia el otro, la responsabilidad y el compromiso, entre otros; mientras que 373 Arbitrado (pág. 931).