Increíblemente, las personas tenemos una capacidad de discriminar a
los demás por su forma de hablar, moverse, vestir, pensar, creer, origen, color
de la piel, defectos físicos, discapacidad o cualquier otro atributo, hasta el
punto de que llegamos a considerar a los demás como extraños a pesar de
convivir en el mismo espacio físico. Esta manera particular de ver a los demás
genera lo que se conoce como estigma, término que hace referencia según el
autor a “un atributo profundamente desacreditador” (Goffman, 2006: pág. 13),
pero que se usa para confirmar la normalidad del otro.
La estigmatización, es quizá una de las más crueles de las acciones
humanas, porque permite que te formes una imagen desvirtuada del otro, que
genera un daño, no por lo que piensas sino por como actúas que, incluso,
puede llevarlo a pensar y sentirse fuera de un espacio que por derecho se
debería compartir y sin embargo no es así, por estar delimitado por líneas
imaginarias de autorrechazo que infringe un perjuicio sicológico que en
muchos de los casos es difícil de revertir.
Dentro de este orden de ideas, es importante resaltar que la
estigmatización se da en todos los estratos de una comunidad y no es
exclusiva en la asignación de atributos negativos, para el caso que deseo
argumentar, a los estudiantes universitarios con discapacidad. En una
institución
universitaria
se
evidenciada
por
directivos,
docentes,
administrativos, obreros y estudiantes sin discapacidad y es precisamente no
reflexionar sobre este hecho lo que dificulta el logro de relaciones asertivas
que beneficien a toda la comunidad.
Visto de esta forma, lo que se quiere significar es que las relaciones
dentro de una comunidad no pueden estar impregnadas de estigmatizaciones
previas porque se establecen bajo un manto de dudas por considerar al otro
incapaz de darle respuesta a los problemas personales o comunes de la
comunidad que comparten. Las relaciones deben ser abiertas y siempre bajo
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Ensayo
vivir el nosotros de la mejor manera.