LA ESTANCIA EN EL
“PARAÍSO DE LOS SUEÑOS”
Por:
Orlanda Torres
Todo el que emigra se enfrenta a un desarraigo duro casi irresistible; por ello se paga
un alto precio. El tomar este tipo de decisiones tan cruciales marca la vida de cualquier
ser humano. Se empieza a vivir un duelo largo y permanente donde hay que lidiar con
separaciones y pérdidas.
Esto hace que se busque la adaptación
en el nuevo entorno para recuperar la propia
identidad. El ser humano busca recomponer
el camino tratando de acomodarse a los
cambios: nuevos empleos, un nuevo proyecto
de vida que implica nuevas relaciones, nuevos
contactos. Un cambio total es un horizonte
desconocido e incierto.
Todo parece ser fácil, pero se vuelve muy
complejo. Más aún, cuando se cree que
todo lo que se conserva y se ha aprendido
en años anteriores se puede aplicar en el
nuevo hábitat. Sin embargo, uno encuentra
que todo lo fabricado en tu lugar de origen
donde tuviste
seguridad emocional y
respetabilidad, no sirve en los más mínimo.
Esto porque se tropieza con nuevas
costumbres, con diferentes procesos, con un
sin números de barreras que imposibilitan el
desarrollo personal y se siente que se pierde
la coherencia de lo que se está viviendo. Es
entonces cuando uno empieza a hacerse
cuantiosas preguntas.
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