Revista San José REVISTA JULIO 2016 | Page 54

“ El Buen Pastor, el Buen Ladrón1 Por: Víctor Manuel Pérez Mestre. solo las madres saben y quieren hacerlo. “¿Por qué, Dimas, por qué? Si sólo por un momento le dieras tu corazón al Dios de Israel Él te enseñaría un mejor cami- no, serías feliz y todos lo seríamos con- tigo… Piénsalo algún día -así sea para ti el último- Él te mostrará su Misericordia y todos los esfuerzos y cada una de las lágrimas de quienes siempre te hemos querido bien no habrán sido en vano… Algo en tu vida te hará ver Su Amor, y allí encontrarás un sentido, algo que te cambie el corazón…” “Este viernes es de plomo. Gris el cielo, gris el monte final, grises esos momentos últimos”, piensa Dimas para sus adentros. “De ese perpetuo gris os- curo que ha teñido mi vida pareciendo a cada momento resbalarse hacia el negro, Pero nada, nunca, hasta ese hasta que cuando ya el oscurecimiento se anunciaba fatal, siempre alguien me momento. Y… sí, robar había sido un acercaba un poco de luz que me mante- camino rápido y que se presentaba de- masiado cómodo y fácil. Siempre había nía en la indefinición”. incautos en esa conocida Jerusalén, que Sabe que ya no queda mucho, y él había visto dividida con simpleza en- hace un esfuerzo final por repasar la que tre víctimas y victimarios. Y nunca quiso ha sido su vida… ¿Habrá valido la pena, estar entre los primeros, claro. Una vía tantas penas…? Las lágrimas de su ma- ancha, holgada, para siempre a mano dre con cada una de sus malandanzas… para doblegarla a su servicio. Hasta ha- Las angustias de su padre, que quería cía pocos días. Muchos habían sido sus hacerlo pastor como lo eran sus herma- delitos y casi todos los últimos los había nos, como lo fueron todos los hombres perpetrado asociado a su cómplice Ges- de su familia… La vergüenza al saberlo tas, pero un traspié y el brazo de la ley uno de ellos de ésos, sus propios herma- de los hombres los había alcanzado. Y nos, que habían sostenido sus hogares allí estaban, crucificados ambos en su- con dignidad en su pobreza mediante su plicio de muerte, esperando sus puntos trabajo honrado… La tristeza de aque- finales. lla muchacha buena, que lo quiso bien y Empero, no estaban solos. En- que lo dejó, espantada finalmente de sus temeridades nefastas y de sus siniestras tre ambos, aquel Hombre, galileo como él mismo, padeciendo infinitamente. Mal compañías… que mal, ellos estaban juntos allí; Él se De todas esas injurias y dolores, enfrentaba solo a su destino. las peores las había sufrido su madre, No sabía demasiado bien quién porque ella esperaba siempre algo bueno de él, aún contra toda esperan