48 ENTREVISTA
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34 AÑOS DE PASIÓN, Y CONTANDO …
Gabriel Quezada, abonado de Everton, partió en galería y hoy goza viendo al equipo desde butaca. La Copa Polla Gol lo cautivó en el’ 84 pero no fue hasta el 2008 cuando vivió su alegría más grande: ser campeones. Hoy, esta historia la comparte con su hija mayor y muy pronto espera sumar a la más chica. Todos unidos por el Oro y Cielo.
C uando uno es chico, anda en otra. Estás más pendiente de jugar con los amigos o ver televisión, que de las cosas que de verdad importan en esta vida. Por suerte me di cuenta a tiempo, fue en 1984, tenía nueve años, y ese fue el momento preciso en el que conocí la pasión Oro y Cielo. Algo sabía de fútbol, había seguido de cerca a Chile en España’ 82, pero sabida es la historia. Nos fuimos para la casa en fase de grupos y no alcancé ni a disfrutar, fue más bien una de las primeras decepciones con el penal de Caszely incluido. Pero no fue hasta el’ 84 cuando vibré de verdad con un equipo. Everton le ganó 3-0 a la Católica en la final de‘ Copa Polla Gol’ – la actual Copa Chile – y podría decir que fue un amor a primera vista. Ya en los’ 90, con un poco más de conciencia de lo que era esto, empecé a juntar mis primeras‘ lucas’ para poder ir al estadio. A mi papá no le gustaba mucho que me fuera a meter a Sausalito, claro, él hubiese preferido mil veces que fuera para Playa Ancha, si siempre fue de Wanderers. Pero así son las cosas. Aún recuerdo esas primeras idas al estadio, siempre acompañado de mi cuñado. Es curioso porque el Vinicio es menor que yo pero estuvo en todas ahí conmigo, en la cancha. Por esas cosas del destino y el trabajo, hoy no puede ir tanto, pero si me preguntaran por un hincha fiel como yo, el primero que se me viene a la mente es él. La campaña actual no ha sido buena, eso me duele. Bueno, como a todo hincha evertoniano. Yo pensaba, sinceramente, que después del año pasado podríamos pelear el título, pero no encuentro explicación con lo que ha pasado. En 2017 peleamos el campeonato y con ese mismo equipo pareciera que vamos a ir a pelear el descenso. ¿ Qué habrá pasado?, no tengo idea, no se sabe si habrá sido falta de motivación o una mala dirección del técnico, pero lo que más pido es que volvamos a estar arriba. Todos queremos eso. Quizás los jugadores no lo entienden, pero Everton significa mucho para nosotros, los hinchas. A veces uno está toda la campaña ahí en el estadio, acompañando en las buenas, en las malas y en las más malas, pero cuando el equipo no anda, es doloroso. Es un fracaso para todos. Así como lo vive el club, el hincha también. Se pierde todo un año, y no lo veo por la plata, porque yo la gasté con mucho agrado viendo a mi equipo, pero es como cuando un niño repite de curso. Se pierden generaciones de futbolistas. Al final perdemos todos. Gracias a Dios hoy tengo mi trabajo y mi butaca, eso me permite estar siempre. Y ahí es cuando pienso en la gente que junta peso a peso para poder ir al estadio, tal cual como lo hacía yo cuando era joven. Es tan rico estar ahí que, ojalá, todos pudieran hacerlo.
No soy de los que llega sobre la hora, a mí me gusta estar tempranito en el estadio. Pese a que tengo mi asiento asegurado, llego antes porque me gusta ver como calienta el equipo y la misma‘ farandulilla’ de exjugadores y extécnicos de Everton que llegan a ver los partidos. Hoy lo paso bien así.
“… el 2008 quedará grabado en la memoria de todos los evertonianos. Perdiendo 2-0, los colocolinos llegaron confiados a Sausalito. Afuera del estadio vendían sus camisetas que decían‘ Pentacampeón’, pero ganamos 3-0 y nadie lo podía creer …”
En Sausalito se vive todo tipo de cosas. No soy para nada conflictivo pero, incluso, una vez terminé en una‘ mocha’ a la salida del estadio. No hicimos nada, pero unos hinchas de Curicó nos fueron a buscar porque seguían‘ picados’ por la derrota. Les ganamos 3-1 en Play-offs, se sumó otra victoria pero debe haber sido de las peores que me tocó vivir. Y así como hay malas, cómo olvidar los mejores momentos que viví con Everton. El 2008 quedará grabado para siempre en la memoria de todos los evertonianos. Lo recuerdo perfecto, perdiendo 2-0, los colocolinos llegaron confiados a Sausalito. Afuera del estadio vendían sus camisetas que decían‘ Pentacampeón’, pero ganamos 3-0 y nadie lo podía creer. Solo nosotros, que confiábamos en ese equipo y el campañón que habíamos hecho. Con ese título viví otra de las experiencias más significativas de mi pasión Oro y Cielo. Tuve el privilegio de tener en el living de mi casa a Gustavo Dalsasso y Johnny Herrera, uno es emblema del club y el otro, un gran jugador que respondió en uno de los partidos más importantes en la historia evertoniana. Para esa final andaba con una camiseta que me regalaron, me la volví a poner para partidos claves y no dio resultado. Ahí me di cuenta que la cábala no era lo mío. Pero curiosamente, sin ser un cabalero reconocido, instalé mi propia cábala. Después de ese año, nunca repetí camiseta en un partido que necesitáramos el triunfo. Y ahí sí que me sirvió más.
Cómo olvidar el gol de Cristian Oviedo, ese debe ser, sin duda, uno de los que más he gritado. Lo recuerdo como si fuera ayer, jugábamos contra Audax Italiano por Play-offs, teníamos que ganar por tres goles de diferencia y ganamos 4-1. El último gol del triunfo lo metió él y lo grité con el alma. El 3-1 no nos servía, Canío sacó un centro, la defensa despejó y desde atrás llegó Oviedo. Estaba acostumbrado a despejar y sorprendió con un tiro que se metió en el ángulo. Un golón ". Momentos como esos son los que quedan. Hoy tengo la suerte de poder ir a los partidos con mi hija mayor. La Giselle vibra tanto como yo viendo a Everton, y muy pronto espero poder llevar a la más chica. Como digo yo, el hincha de verdad está en las malas, y en las más malas también, así que ahí estaremos apoyando todos juntos.