44
44
EN PRIMERA PERSONA
EL ADIÓS DE MAXI en primera persona
El jugador extranjero que más veces vistió la camiseta de Everton relata cómo vivió sus siete años con la Oro y Cielo. Los grandes momentos de Cerato, contados por él mismo en sus últimos momentos en Viña del Mar.
M i vida como futbolista partió cuando cumplí 12 años. Uno de niño juega, se divierte, pero ya a esa edad me di cuenta que en el fútbol podía encontrar un espacio para desarrollar mi vida. Yo soy oriundo de Río Gallegos, entonces, como a mi corta edad ya se notaba que tenía ciertas condiciones que eran importantes, me probé en River Plate y quedé seleccionado. No fue fácil, porque se tenía que tomar la decisión de dejar mi casa, vivir sin mis papás, pero finalmente ellos me apoyaron y partí para allá. Viví un año solo en la capital, pero luego mi familia se trasladó para acompañarme. Ellos son sagrados, son los que siempre estuvieron y siempre estarán conmigo. El trasladar toda una vida a otra ciudad solo por cumplir el sueño de un hijo es impagable. Hoy tengo un hijo y espero cimentar el mismo camino, hay que inculcar todas las cosas que yo aprendí y lo hago también con los niños que me buscan para tomarse una foto o estar conmigo. No sirve solo jugar bien al fútbol, hay que meterle pasión, trabajo y constancia, lo que sumado al apoyo familiar, permite cumplir los sueños, tal y como yo lo he hecho. Nunca pensé que el destino luego me traería a Chile. El 2010 estaba jugando en Defensores de Belgrano y Nelson Acosta fue a verme jugar. Luego de un partido me reuní con él y me convenció de venir a Everton. Ahora, en el presente, me doy cuenta que fue la mejor decisión que pude haber tomado. Siendo sincero, nunca pensé que el cariño llegaría a tanto. Hace siete años llegué a Viña del Mar con la ilusión de jugar cosas importantes y hacer un buen trabajo. Que te reconozcan esa labor con ovaciones genera algo inexplicable. Desde el primer día, la gente se portó muy bien conmigo. Fue algo increíble, dirigentes, compañeros y, por supuesto, la gente, me trató como si siempre hubiese formado parte de este club. Hubo momentos llenos de alegrías y otros de tristeza, pero haciendo un balance general, puedo decir que estoy feliz de haber cumplido esta etapa acá. Everton me abrió las puertas para venir a jugar al fútbol chileno y hacerme un nombre. Nunca pensé, por ejemplo, que me iba a convertir el extranjero que más veces ha vestido esta camiseta. Everton se volvió mi casa. Uno deja su familia lejos y la extraña, pero por suerte siempre me sentí apoyado y contenido por el club, por los compañeros y por la gente. Soy un jugador muy especial, necesito un poco de afecto para poder dar todo en la cancha. Necesito de esos mimos y por eso todo lo que la gente hace por mí lo valoro tanto. Me llena de satisfacción saber que mi nombre está en la historia de Everton. Cuando llegué en el 2010, yo quería venir y dejar mi marca, no quería ser uno más de los que vienen y pasan. En base a esfuerzo, disciplina, perseverancia, fuerza, corazón, pude lograr lo que me propuse: estar en el corazón del hincha evertoniano. Hemos pasado juntos momentos muy difíciles, pero creo que es ahí cuando aparecen los hombres y si hubo un momento en el que me tenía que ir de la institución era este, porque el club está bien, está en su mejor momento, se están haciendo muy bien las cosas, y estoy seguro de que aunque yo no esté, Everton continuará peleando por cosas importantes. Me voy lleno de momentos gratos. Con mucho cariño recuerdo los ascensos del 2012 y 2015. Ambas fueron instancias muy inolvidables para mí, porque me sentí importante para el equipo y así todos me lo hicieron saber. Desde que llegué, siempre quise pelear por cosas importantes. Por suerte tuve una etapa muy linda, nos tocó jugar en la B, pero supimos recuperarnos, jugar bien, aprender de nuestros errores, y todos juntos jugar una temporada inolvidable como esta última, donde pudimos disputar una Copa Chile, pelear hasta el final el campeonato nacional y jugar en la Conmebol Sudamericana. Ese gol contra Patriotas, además, fue muy especial. Vi que los jugadores eran grandotes, entonces pensé que si le pegaba por abajo, como ellos obviamente iban a saltar, me podía salir el gol. Por suerte se dio así, le pegué y cuando la pelota entró, escuchar a un Sausalito repleto gritar mi gol, es algo que me voy a llevar siempre en el corazón. Cuando niño uno sueña con hacer ese tipo de goles, que son importantes, que son goles que la gente quiere gritar. Entonces para mí fue muy especial. Después tristemente la clasificación no se nos dio, pero sé que mis compañeros y yo dejamos todo en la cancha por estos colores y eso es algo de lo que todos debemos estar orgullosos. Ahora se me abrió una nueva ventana profesional. Es algo que me tiene muy contento, porque luché y me entrené con esfuerzo para que se me pudiera dar esta chance. Aunque al mismo tiempo también estoy triste, es una sensación extraña, porque me voy de mi casa, pero es para seguir creciendo, no porque acá no esté a gusto. Por ejemplo, el último partido en Sausalito fue algo muy especial. La gente ya sabía que tenía una chance importante de partir, y cuando el partido terminó, empezó a corear mi nombre y la verdad es que eso es algo muy emocionante. No pude contener las lágrimas, porque de verdad es algo indescriptible. Ese partido fue muy difícil para mí, de hecho fue el más difícil en estos siete años. No podía dormir, estaba ansioso, nervioso, por suerte se dio todo redondo, pudimos ganar el partido, hacerlo de la mejor manera y encima marcando un gol ante mi gente. La verdad es que todo este proceso me generó mucha emoción, hubo momentos alegres y tristes, fueron siete años y estoy muy encariñado con la gente, con el país. Me acogieron muy bien, especialmente la fanaticada. Es duro cuando uno tiene que irse de su casa, pero les aviso desde ya que espero volver y tratar de ganar un título.