En mayo tuvimos la suerte de asistir a unos
talleres de la Fundación Botín en el Paseo de
Pereda de Santander.
Los observaba en silencio hasta que
encontraba interesante la unión de varios de
ellos y cuando tenía claro cómo unirlos los
llevaba a la fundición y allí,
por medio de diferentes procesos, los
transformaba en una poética escultura de
bronce.
Joan Miró experimentaba, jugaba, buscaba
ideas en sus sueños y trabajaba todos los días
hasta conseguir crear obras que fueran
poéticas, que hicieran trabajar a nuestra
imaginación y que nos ofrecieran una nueva
forma de ver la realidad. ¡Como hacen los
niños!
Para ello cogía objetos que le llamaban la
atención mientras paseaba, después los
llevaba a su estudio y allí los colocaba en una
mesa junto a otros.
Nosotros también quisimos participar y nos
pusimos en su piel.
Y por este año, nada más, muchas cosas se
nos han quedado en el tintero y es que todo
no se puede contar. El próximo año más y
seguro que mucho mejor.
¡Hasta otra!