EDITORIAL
Educando la intuición moral
En la primera etapa de la vida , transmitimos a los niños los principios y valores morales que habitualmente se manejan en la sociedad . Dependerá de cómo se administre esa orientación de manera coherente para que ellos , en la construcción de su personalidad moral , intuyan primero y racionalicen después sobre qué es lo que deben hacer para actuar correctamente .
Es fundamental que los padres logren cierto grado de coherencia en la trasferencia de esos valores , a través de una educación disciplinada de hábitos y costumbres , que eviten un niño malcriado , maleducado o inadaptado para la convivencia social . Disciplina no es autoritarismo , sino educar a través de los límites que permiten el respeto al otro . Quienes saben hacerlo logran la verdadera autoridad moral .
Esto requiere padres formados , con objetivos claros en la educación de los hijos . No todos piensan que lo importante es lograr que los hijos sean buenas personas . En las circunstancias actuales se considera más provechoso ser agresivamente exitoso , en términos materiales y hasta espirituales , que cultivar la moral como virtud . No es lo mismo llevar una vida buena , que una buena vida en el lenguaje de la educación cívica .
Llevar una vida buena significa esfuerzo , conocimiento de uno mismo , vínculo permanente con el otro , diálogo , respeto a las reglas y reconocimiento que la verdad la vamos construyendo entre todos . En cambio , la buena vida sólo requiere una dosis importante de egoísmo e individualismo , hoy en día fácilmente apetecible , en un mundo donde se estimula la cultura del placer y del hiperconsumo .
La corrupción , la falta de justicia y las debilidades de nuestras instituciones son consecuencias en gran parte , de una pésima educación de nuestros hábitos morales e intelectuales . En la primera infancia se internalizan esos principios y valores que durarán por el resto de nuestras vidas . Por lo tanto , la primera y principal responsabilidad está en la familia .
Si los padres no se indignan porque se roba , se acosa , se abusa sexualmente y se maltrata al semejante impunemente , será difícil construir un futuro diferente al que tenemos . La educación es el instrumento para fortalecer nuestra resistencia a esa feroz agresión de personalidades perversas . Educar a una mujer , es educar a una familia , porque logrará que ese niño sea un hombre respetuoso de la ley y al mismo tiempo razonablemente crítico en la sociedad .
Si no hacemos algo frente a esta escalada de violencia que se vive cotidianamente en nuestro país , estamos destinados al fracaso como nación . Si sólo valoramos el éxito económico , la mayoría de las veces de dudoso origen , seremos colaboradores siniestros de nuestra propia destrucción como sociedad .
Estamos al borde de una disolución moral de la sociedad . Todavía podemos revertir el camino hacia el precipicio de la indecencia . De nuestra educación cívica dependerá no sucumbir en la oscuridad de una República fallida , por culpa del silencio cómplice de un rebaño obediente .
Lamentablemente el precio a veces es muy alto e implican sangre , sudor y lágrimas . La comodidad no es para quienes se sienten involucrados con el futuro de la humanidad .
Educar adecuadamente en la infancia nos permitirá tener mejores ciudadanos que entiendan que la libertad de uno termina donde comienza la libertad del otro . El ser humano no es un medio sino un fin en sí mismo .
Ser libre es un deber de responsabilidad y no un privilegio hedonista .
Dr . Ignacio Iramain Chilavert DIRECTOR GENERAL DEL IPN
4 INSTITUTO PRIVADO DEL NIÑO