S
entado cara a cara ante unos folios, la mirada perdida a
través de una ventana, esperando a que se apague el
“semáforo mental” que bloquea la ”competición” a lo largo
de las líneas imaginarias de este humilde y sencillo pensamiento en voz alta, ordeno las imágenes que me han llevado hasta este punto.
No puedo evitar pensar, esbozando una leve sonrisa, en el paralelismo existente entre dos grandes deportistas, que lograron introducir
en nuestras tertulias de sobremesa, aquellas gestas sobre el asfalto,
en dos mundos tan diferentes como el ciclismo y la fórmula 1. Perico
Delgado y Pedro de la Rosa, son la viva imagen del resurgir de dos
deportes “olvidados” por todos.
Adentrándonos en un mundo tan sumamente complicado como es la
fórmula 1, raramente destaca un piloto por algo más que no sea su
talento innato para doblegar “semejante exceso de potencia y tecnología”. Pero en ocasiones, de la lucha interna entre la persona y el
piloto, emerge un “ser” desconocido por todo el “Gran Circo”, que
nos hace disfrutar, comprender e incluso aplaudir, todo aquello que
rodea a tan inaccesible círculo de poder.
Pedro del a Rosa es un buen piloto, al menos así lo creo yo, sin entrar a valorar como aficionado sus distintas elecciones, pero ade