Conocimiento de la moral.
El conocimiento de las normas morales, según Aristóteles y Santo Tomás siguen el orden del conocimiento de las inclinaciones o tendencias naturales del hombre, de la tendencia social innata en el hombre se colige que el engaño, fraude o mentira es inmoral porque impide la vida social. Para Kant, tal conocimiento se confunde con el de la buena intención de la voluntad.- Para el empirismo lógico, finalmente, el problema carece de relevancia siendo la ética irracional.-
Los actos humanos y su calificación moral.
Este punto guarda también estricta relación con los anteriores. ¿ A qué se debe atender para calificar un acto de moral o inmoral, o, de bueno o malo?.- A continuación se sintetiza el pensamiento aristotélico, tomista en los siguientes principios: Un acto indiferente en abstracto( caminar) será moralmente bueno o malo según con la finalidad que lo realice el sujeto. La que podrá verse modificada según las circunstancias. Un acto bueno se puede perjudicar por la mala intención del sujeto. Un acto malo por su objeto no se puede transformar en bueno por la buena intención con que el sujeto lo realiza. Las circunstancias no determinan la moralidad de un acto concreto, sólo permiten modificarlos. Para que una acción sea moralmente buena, deben ser buenos el objeto y el fin. Como puede apreciarse, para Santo Tomás de los tres factores( objeto, fin y circunstancia) el determinante es el objetivo. Lo que no es de extrañar en quien sostiene que la moral tiene un fundamento también objetivo.
Moral y virtud moral.
Todo acto humano es relevante desde el punto de vista moral. El sujeto que actúa al adquirir el hábito de realizar actos moralmente buenos se convierte en un hombre virtuoso, hombre bueno. A la inversa, al adquirir el hábito o costumbre de actuar mal se convierte en hombre vicioso o malo. Aristóteles distingue y ordena un gran número de virtudes, de entre ellas las cuatro principales( que encierran y resumen a todas las demás) las denomina cardinales y son: prudencia, justicia, fortaleza templanza. La primera a nuestro juicio es la más cardinal de todas, puesto que sin ella no hay acto virtuoso alguno. La prudencia consiste en actuar razonablemente según las circunstancias concretas. La justicia consiste en el acto de dar a cada cual lo suyo. La fortaleza consiste en la voluntad firme de perseverar en las decisiones razonablemente tomadas. La templanza en fin es el acto de usar de las normas razonablemente sin dejarse dominar por ellas.