REVISTA LA CRUZ 1062 ENE-FEB 2017 | Page 59

De su mano te consagraste al Espíritu Santo y prometiste extender su reinado en el mundo. Con su ayuda, poco a poco, modelaste tu corazón para hacerlo como el de Cristo, Buen Pastor, y te ofreciste una y otra vez, como Jesús, como víctima por la Iglesia y los sacerdotes. Ella, de parte de Dios, te fue moldeando el corazón en aquellos escritos de Maná escondido para alimentar tu delicado corazón de padre con la nutritiva doctrina de la Cruz. El Señor Jesús le dijo a Conchita que tú y ella eran( por dentro, del corazón) « como dos gotas de agua ». Idénticos en su amor a Dios y en su entrega a la Iglesia. Nosotros admiramos las obras que Dios hace en quienes se dejan guiar por Él. De verdad que Nuestro Señor tiene mucha imaginación para realizar sus cosas.
Querido padre y hermano Ramón: en nombre de las iglesias que gobernaste, Chilapa y Puebla; en nombre de las cinco Obras de la Cruz; en nombre de la Iglesia mexicana, en nombre de tantos hombres y mujeres que recibieron algo de tu amor sacerdotal, ¡ gracias por haber sido como fuiste! ¡ Gracias por tu entrega sacerdotal, hasta la Cruz! El papa san Juan Pablo II reconoció que viviste las virtudes en grado más que común, o sea, de manera « heroica » y, ¡ las cosas de Dios!, el 9 de abril de 1990, cuando se leía ese decreto en el Vaticano, se reconocía lo mismo del vidente Guadalupano, el indio Juan Diego. ¿ Quién duda que aquello fuera un guiño amoroso de María de Guadalupe a quien amaste con todo tu corazón de hijo?
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