no Nacional y el ELN, mientras a 1.300 kilómetros de allí sobre la costa
Pacífica, el Comandante Alejandro ofrendaba su vida por la causa de los
empobrecidos y excluidos de Colombia.
Semanas más tarde, de boca en boca los pobladores de esa costa rega-
ron la noticia sobre cómo Alejandro mal herido, corrió río abajo hasta
que cayó exhausto sobre unos peñascos, lugar hasta donde llegaron las
bandas narco paramilitares de Puerto Pizarro, quienes lo remataron y
despedazaron con furia.
Abrumados por este trágico rumor, los familiares de Alejo nunca han de-
jado de reclamarle al Estado colombiano para que responda por este cri-
men y también diga la coordenada donde esconden sus restos mortales.
En noviembre de 2016, en Quito Ecuador, la Delegación de Diálogos del
ELN transmitió a la Delegación del Gobierno de Juan Manuel Santos, el
clamor de la familia que urge saber el paradero del cadáver de Alejandro.
El General (R) Eduardo Antonio Herrera Berbel, el jefe de la Delegación
gubernamental de Diálogo, personalmente realizó las indagaciones del
caso ante el Comando de la Armada Nacional en Bogotá, pero tampoco
obtuvo una respuesta, negativa que lo obligó a decir en la Mesa de Con-
versaciones de Quito, que “el mismo ELN debe ir a Bogotá a hacer esta
averiguación”.
Gracias al triunfalismo del comandante del Batallón de Infantería de Ma-
rina que se apresuró a cantar victoria por la muerte de Alejandro, hoy
sabemos que esta unidad militar en estrecha cooperación con los nar-
co paramilitares de Puerto Pizarro, le quitaron la vida a nuestro querido
Alejo y así sigan negando su autoría, la evidencia no la pueden destruir,
porque el Comunicado que expidieron reposa en miles de lugares, porque
fue difundido por toda la prensa colombiana.
Como le quitaron la vida a una persona indefensa, malherida y desarma-
da, este crimen de Guerra es a la vez un Crimen de Lesa Humanidad que
no prescribe.
Mantenemos la esperanza para que un día no lejano llegue la justicia
a este país y vamos a ir a Bogotá o a dónde sea, para averiguar por los
restos mortales de Camilo Torres, de Alejandro y de todas las decenas de
miles de desaparecidos que el régimen esconde.
MEMORIA COLECTIVA
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